Opinión | Misa de doce

Director de la Filmoteca Regional
Fernando Esteso
El pasado domingo desayunamos conociendo la triste noticia del fallecimiento de Fernando Esteso, una de las figuras fundamentales del cine patrio que junto a Andrés Pajares protagonizó el dúo cómico más popular del cine español de finales de los 70 y principios de los 80.
Iconos de una época, el tándem Pajares-Esteso, dirigidos por Mariano Ozores, provocaron la sonrisa eterna de una España recién desperezada del franquismo y que comenzaba a dar sus primeros pasos en la recién estrenada democracia. Sus películas, caracterizadas por un humor costumbrista y picante que empezó a sentar las bases del destape, se convirtieron en éxitos de taquilla incuestionables y en verdaderas resonancias magnéticas de la sociedad de nuestra transición y albores de la democracia.
No es la primera vez que abrimos esta ventana para gritar a los cuatro vientos ¡que vivan las españoladas! Reconozco que he disfrutado mucho de ellas, sobre todo cuando era pequeño en compañía de mis hermanos, y no voy a pedir perdón ni avergonzarme de ello. Creo que esa etapa ya está superada. Me refiero a esconderme y ver películas de Ozores en la clandestinidad como si estuviera cometiendo un delito porque no las consideraba a la altura de un cinéfilo.
Los Bingueros, a la sazón una de las películas más taquilleras de la historia del cine español y probablemente la más alquilada en los videoclubes de la época, Los liantes, El erotico enmascarado, Al Este del Oeste, Cuatro mujeres y un lío, ¡Qué tía la CIA!, El hijo del cura… Cada fin de semana solía caer alguna y las carcajadas, por supuesto, estaban más que aseguradas.
Pero de toda la dilatada y prolífica filmografía de Esteso, mi favorita, sin duda, era y es Yo hice a Roque III. Dirigida por Mariano Ozores en 1980, Yo hice a Roque III es una parodia a la española de la célebre saga Rocky, que reúne todos los ingredientes característicos del cine ‘ozoriano’ exprimiendo al máximo el binomio Esteso–Pajares. Huelga decir que la película se convirtió en un auténtico taquillazo y que muchas de sus escenas (en especial aquella en la que Pajares y Esteso, acompañados de Antonio Ozores, intentan convertir el peso de Roque, obtenido en una báscula inglesa, de libras a kilos) forman ya parte, por derecho propio, de las secuencias más divertidas de la historia de nuestro cine.
La filmografía de Esteso, como ocurrió en general con el llamado ‘cine del destape’, fue machacada sin piedad por una crítica que lo tildaba de casposo y propio de una España que aún olía a naftalina. Sin embargo, hoy, con la perspectiva que nos brinda el tiempo y tras haber aligerado mi mochila de prejuicios, me enorgullece reivindicar ese cine como un fenómeno sociocultural, político y económico imprescindible para comprender nuestra cultura y, en particular, la etapa de nuestra Transición.
Si nos quitamos el velo de los prejuicios, comprenderemos que, en mi opinión, es perfectamente compatible disfrutar de un cine comercial y ‘popular’ con otro más de autor y reflexivo; una combinación que, lejos de resultar contradictoria, amplía nuestro horizonte, alimenta la curiosidad y nos hace más sabios.
Fernando Esteso nos deja un legado inmortal de risas y entretenimiento. Su carisma marcó a varias generaciones y radiografió la España del momento. Gracias eternas por tu talento; seguiremos disfrutando de tu arte.
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