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Opinión | Así somos

Norteamericanos cabreados

El mal humor, enfado o irritabilidad es un estado o condición muy frecuente que nos afecta a todos en situaciones puntuales. Suele ser una reacción normal y cotidiana en muchas circunstancias diferentes, desde una mala noticia o un dolor de cabeza hasta el consumo o abstinencia de ciertas sustancias. Además del malestar que siente uno, puede manifestarse en actitudes y comportamientos de ira hacia quienes están cerca.

Lo negativo y lo positivo del cabreo

Los contratiempos abundan y, como decía el filósofo Arthur Schopenhauer, son la esencia de la vida. Los cabreos suelen tener consecuencias negativas: interrumpen o perturban las tareas habituales y provocan dificultades en concentrarse y llevar a cabo las tareas del día a día. Si van seguidos de comportamientos agresivos de carácter psicológico o incluso físico pueden desencadenar conflictos en el trabajo, en las relaciones con los allegados o terminar en un arrepentimiento posterior. En el lado positivo, un enfado ante un contratiempo puede servir para aprender a resolver problemas, hacer valer los derechos de una persona o señalar una anomalía que debe ser solucionada.

En las personas de carácter agrio el malhumor es persistente y forma parte de su manera de comportarse. El cabreo puede aparecer ante el mínimo obstáculo o la menor frustración. Signos de preocupación son la incapacidad de controlar sus reacciones y el daño que provoquen en los demás, a lo que se añadan consecuencias negativas importantes en la vida profesional y personal. Es aconsejable recurrir a profesionales, psicólogos o psiquiatras, para abordar el problema y atenuarlo.

El cabreo no es una enfermedad mental, aunque sí existe cierta relación entre la frecuencia e intensidad de los episodios de enfado y algunos trastornos psicológicos. En Estados Unidos el psiquiatra Roy Perlis, de la universidad de Harvard, dirigió un estudio sobre el malhumor en el país, con más de 42.000 participantes, dirigido a conocer con más detalle su incidencia y su relación con los trastornos mentales.

Estar enfadado es ‘común y frecuente’

Si nos concentramos en los datos referidos a la población general y sin relevancia clínica, estos investigadores encontraron que estar enfadado es «común y frecuente» y confirmaron que el malhumor persistente puede darse perfectamente sin ir acompañado de ningún otro trastorno psicológico. Por su parte, los datos clínicos indicaban, en línea con otros estudios internacionales, que son preocupantes las explosiones de enfado e ira frecuentes y excesivas que aparecen en algunos niños y que suelen evolucionar a trastornos emocionales y de ansiedad. Por su parte, los pacientes de ansiedad y de depresiones severas suelen mostrar mayor frecuencia de enfados.

Perlis y sus colegas encuentran más episodios de enfados en mujeres, en adultos jóvenes y en personas con escasa formación y bajos ingresos. Los brotes de irritabilidad que aparecen en adolescentes suelen disminuir con la edad. El mal humor de las personas mayores no parece representar un problema importante, lo que va contra el estereotipo del viejo gruñón. La relación entre el mal humor y el estatus socioeconómico la han abordado numerosos estudios. Las personas con menos recursos se enfrentan a más contratiempos diarios, con menos apoyo y menos información. Suelen estar más preocupados por la toma de decisiones en situaciones, a veces muy difíciles, que les ocupan tiempo y esfuerzo que se suma a su situación más precaria.

Si miramos a nuestro país, el estado de malhumor puede que sea también general y que, más allá de las situaciones cotidianas que nos enfadan y que no son pocas, las grandes desgracias y la situación de confrontación y polarización política terminen convirtiendo el malhumor en común y frecuente como ocurre en el país norteamericano. Vigilar el estado de ánimo y los brotes de mal humor va en beneficio de la propia salud y de los demás.

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