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Opinión | Murcia D. F.

La hora del Molino Armero

‘Agua pasada no mueve molino’, dice un refrán popular español, que aúna la sabiduría del pueblo y a la vez una filosofía a aplicar que podría resumirse en que el pasado ya no se puede cambiar y hay que mirar al futuro. Ese mismo pensamiento es lo que habría que aplicar a lo que le va a ocurrir al Molino Armero, un importante vestigio de Cabezo de Torres que la Comunidad Autónoma declarará BIC y que el Ayuntamiento tiene previsto restaurar.

Lo interesante de este proyecto, además de la recuperación de la edificación, que está muy deteriorada, es que el Gobierno local ha decidido que abrirá un proceso de participación para contar con la opinión de los ciudadanos sobre su uso. Un hecho muy loable, ya que no hay nadie mejor para saber qué necesita un pueblo que el propio pueblo. Cabezo de Torres, donde está ubicado el Molino Armero, es una suma de huerta tradicional y ladrillo, combinando carreteras y carriles (algunos de ellos casi imposibles por sus estrecheces y configuración serpenteantes) muy próximas a la ciudad que debe buscar qué hacer con esa reliquia, en la que el Ayuntamiento tiene previsto invertir 2,5 millones.

Imagen antigua del Molino Armero rescatada por el Ayuntamiento de Murcia.

Imagen antigua del Molino Armero rescatada por el Ayuntamiento de Murcia. / Archivo fotográfico de la familia Armero

Una importante cantidad (de momento se destinarán los primeros 3000.000 euros para la contratación y ejecución de las obras de consolidación) que supone la cifra más elevada destinada nunca a ese pueblo que vive a su manera el carnaval y donde a un vecino un tanto extravagante le dio por pintar una parte de sus montañas de azul, lo que provocó, sin pretenderlo, que visitaran esta pedanía hasta turistas llegados del extranjero. No será necesario revestir el Molino Armero de azul como se hizo con las cumbres de Cabezo, pero sí que será necesario dotarlo de actividades y de una programación acorde con el uso que se le dé y en comunión con lo que decida la ciudadanía en el proceso participativo. De lo contrario, puede pasarle como le ocurrió en su día al Molino del Amor (un nombre precioso para una edificación), que estuvo un tiempo languideciendo.

El Molino Armero no fue el primer molino. El Armero fue cimentado sobre los restos de un antiguo molino que databa del siglo XV y está enclavado en el Sitio Histórico Monteagudo-Cabezo de Torres. Según el Ayuntamiento, «es un ejemplo singular del pasado industrial ligado a la red de riego de la huerta» y fue adquirido por la Administración local en 2020.

En la compra para el patrimonio municipal, se incluyeron el mobiliario, documentos, envases de los productos, fotografías de época, maquinaria como balanzas, facturas, máquinas de escribir, maletín de viajante, sacos, lavaderos, tinajas, prensa y otros elementos de la época. Todo un tesoro a conservar sin ningún género de duda.

Incluso, dicen los que conocen bien la edificación que su maquinaria puede funcionar y mostrar cómo era la molienda sin problemas. Uno de los aspectos que destacó el Ayuntamiento cuando solicitó la protección BIC ante la Comunidad (en el Plan General de Ordenación Urbana, el Molino Armero ya estaba protegido) fue precisamente ese detalle. «Ubicado en la calle Mayor, número 26, de Cabezo de Torres, el antiguo molino Armero, que data del siglo XVII, estuvo dedicado a la fabricación de pimentón durante siglos y cesó su actividad hace cerca de 20 años. Es uno de los últimos molinos de agua que ha estado en funcionamiento y aprovechaba el cauce de la acequia de Churra la Vieja para mover sus muelas. El inmueble destaca por ser un elemento singular y una de las construcciones hidráulicas más características de la Huerta de Murcia.», una descripción perfecta de la importancia de este vestigio en propias palabras de la Administración local.

Al Molino Armero le ha llegado su hora y en cartera hay otras edificaciones de la huerta que son auténticas maravillas que debieran recuperarse. Uno de los problemas es que están en manos privadas (algunos de ellos), una propiedad que no ve de momento la necesidad de su arreglo por no verle ningún valor económico.

Uno de los que más abandono está sufriendo es el Molino de Oliver, en la pedanía de Aljucer y edificación BIC. Fue salvado de la piqueta hace cerca de 18 años por la presión vecinal y ahí sigue imperturbable al paso del tiempo, como imperturbable están todas aquellas entidades que tienen en su mano rescatarlo del olvido. No dejemos morir los molinos, símbolos de la huerta y de nuestro pasado. Por nadie pase.

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