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Opinión | El prisma

El fracaso de la subida de las pensiones | En el culo del ciudadano

El presidente de Vox, Santiago Abascal, interviene durante la clausura del acto de campaña.

El presidente de Vox, Santiago Abascal, interviene durante la clausura del acto de campaña. / Ramón Comet

Puede resultar difícil de entender el rechazo en el Congreso del bloque de la derecha al decreto ómnibus que incluía el aumento anual de las pensiones. Desglosando el no, se entiende algo más. Vox se mantiene en su «contra todo» lo que venga del actual gobierno, en una actitud nihilista y antisistema propia de mejores ímpetus revolucionarios. Junts, además de que enseña su querencia ineludible por sus aliados naturales, aspira, como es habitual, a intentar reubicar al huido Puigdemont en el mapa político catalán arrancando nuevas concesiones del tambaleante gobierno de Pedro Sánchez.

Lo que es menos explicable es el rechazo del PP, pues por un supuesto simple defecto de forma —el totum revolutum del pluridecreto— rechaza un conjunto de medidas que mejoran de una u otra forma la vida de la ciudadanía. A no ser que que alguien entienda que la verdadera excusa, es decir, el supuesto favorecimiento de la okupación de viviendas, es real y además es el argumento teórico de los nacionalistas catalanes. Porque ¿se puede considerar una amenaza a la propiedad privada que el 3% (tres) de las viviendas en venta en España estén «okupadas»? ¿O que se ese porcentaje descienda hasta el 0,06% si se refiere el total del parque de viviendas en todo el Estado?

Ni una cosa, la de los catalanistas irredentos, ni la otra, la de los autodenominados populares, puede ser tomada como un argumento suficiente para tumbar un conjunto de medidas cuya aplicación inmediata supondrían un cierto alivio para la gente en general. Porque en el decreto ya sin valor va, además de la revalorización de las pensiones, más allá.

Por el fracaso en el Congreso del decreto ómnibus, se suspenden además la subida del Ingreso Mínimo Vital y de las pensiones no contributivas, los incentivos fiscales para las mejoras energéticas de las viviendas privadas, ayudas a perjudicados por la dana de Valencia y los incendios forestales del verano en media España

Quedan suspendidas también la subida del Ingreso Mínimo Vital, los incentivos fiscales a quien reforme su casa para consumir menos energía, varias ayudas a afectados por la dana y los incendios, descuentos en los precios de luz y gas a consumidores «vulnerables», las ayudas por hijo a cargo... o la imposibilidad de cortar agua, luz y gas a quien no pague por falta de recursos. Un completo paquete «social» que, sí, se puede considerar que incluía torticeramente una prórroga de prohibición de deshaucios que, no menos torticeramente, se puede interpretar que favorece la «okupación» o la «inquiokupación».

No parece que, dados los índices de una y otra, ese asunto sea un verdadero problema social por mucho que bastantes, por no decir todas, las compañías de alarmas domiciliarias intenten convecer con su publicidad de que lo es; ni por mucho que la derecha pequeño burguesa más reaccionaria siga empecinada en su cruzada aporofóbica, que no es sino una prolongación de su obsesión con la invasión de migrantes que, dicen, va a cambiar irremediablemente el sedimento judeocristiana de las sociedades occidentales.

A cuento de todo esto, puede que el Partido Popular coseche algún rédito en la próximas elecciones regionales de Aragón. Quizá también en las siguientes en Castilla y León. O en Andalucía, quién sabe. También puede que, vista la experiencia que tuvo hace el año pasado cuando rechazó un decreto similar y hubo de rectificar, repita la experiencia creyendo obtener algo a cambio: por ejemplo ahondar el debilitamiento político del Gobierno de coalición actual.

Pero será a cambio de darle unas cuantas patadas a los ciudadanos más desfavorecidos en el culo del Partido Socialista. Y, también, a cambio de introducir inseguridad e inestabilidad en la mente y en las vidas de mucha gente que ve como agua de mayo algunas, o todas, las medidas sociales del decreto ómnibus. Aunque la paranoia de algunos, muchos menos, pequeños propietarios se vea incrementada por la falsa sensación de que unos okupas desharrapados o, incluso, extranjeros de piel oscura se hagan temporalmente con su sacrosanto dominio privado. Cuestión de prioridades.

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