Opinión | Allegro agitato
Música para el día más triste del año
La versión orquestal del ‘Adagio’ aportaba una sonoridad mucho más impactante, una mayor profundidad con la inclusión de los contrabajos y, al disminuir la velocidad, creaba una sensación todavía más estática, casi atemporal

Retrato de Samuel Barber. / Atlanta Symphony Orchestra
Podemos estar tranquilos porque ya ha pasado lo peor: el lunes de la tercera semana de enero, que es el día más triste del año, el Blue Monday (lunes azul). Así da gusto, pronto y con once meses por delante para disfrutar. La fecha fue una invención del psicólogo británico Cliff Arnall, que la justificó por el frío invernal, la ausencia de luz solar, la añoranza de la Navidad o, incluso, la cuesta de enero. Una agencia de viajes utilizó con éxito el hallazgo en una campaña publicitaria en 2005 para que la gente encargara sus vacaciones estivales por esas fechas.
El azul, en inglés, se asocia con la tristeza. Da nombre al blues, ese estilo melancólico que impregna músicas como el jazz, el rock, el heavy o el pop. Pero ya saben que yo me muevo en el ámbito de la música clásica. En 2004, la BBC Radio realizó una encuesta entre sus oyentes en busca de la música más triste jamás compuesta. La victoria, con un aplastante 52 por ciento de los votos, recayó en el 'Adagio' para cuerdas del compositor Samuel Barber.
Barber nació en 1910 en una acomodada familia americana y desde pequeño fue considerado un prodigio. Con catorce años ingresó en el Instituto Curtis de Filadelfia, donde se formó como pianista, compositor y cantante. Tuvo como compañero al italiano Gian Carlo Menotti, compositor que se convirtió también en compañero de vida y de profesión durante 40 años. Sus obras, muy apreciadas, recibieron galardones que le permitieron emprender viajes por Europa para ampliar estudios.
Durante uno de ellos, en 1933, Barber y Menotti visitaron al director de orquesta Arturo Toscanini en la isla propiedad de este en el Lago Mayor. Al acabar el encuentro, Toscanini, que no mostraba interés por sus compositores contemporáneos, y menos americanos, le dijo a Barber que quería dirigir una obra suya.
La obtención del Premio de Roma en 1935 propició una larga estancia en Europa. Un año después, en una casa de un bosque cercano a Salzburgo escribió su 'Cuarteto de cuerda'. Aunque el tercero sufrió modificaciones posteriores, Barber sabía que su movimiento central era extraordinario. Se basa en un único tema, pausado, repetido por cada instrumento hasta alcanzar un clímax que antecede a una gran pausa dramática, tras la que regresa el motivo inicial, que se desvanece lentamente y deja sin resolver la emoción del espectador.
Durante el Festival de Salzburgo de 1937, Toscanini, que asistió a la interpretación de la Sinfonía en un movimiento de Barber, reafirmó su compromiso. Barber comenzó a componer el 'Ensayo para orquesta', pero un amigo le sugirió que adaptara el 'Molto adagio' de su cuarteto. Por este motivo, envió las dos obras al director italiano, quien devolvió las partituras sin más explicación. Aunque esto provocó el enfado del compositor, tenía una explicación sencilla: Toscanini tenía memoria fotográfica y no necesitaba las partituras. La versión orquestal aportaba una sonoridad mucho más impactante, mayor profundidad con la inclusión de contrabajos y, al disminuir la velocidad, creaba una sensación todavía más estática (y extática), casi atemporal.
El 5 de noviembre de 1938, Toscanini dirigió la primera interpretación de las dos obras a la Orquesta Sinfónica de la NBC en el Estudio 8H del Rockefeller Center de Nueva York, que fue transmitida en directo por radio. El 'Ensayo' recibió poca atención, pero el 'Adagio' para cuerdas convirtió a Barber en una celebridad mundial. Años después, en 1967, aprovechando el éxito, adaptó la obra para coro, añadiéndole el texto litúrgico del 'Agnus Dei'.
Un año antes había comenzado el declive del compositor. El estreno de Antonio y Cleopatra, encargo para inaugurar la nueva Ópera de Nueva York, recibió críticas terribles, que le sumieron en el alcoholismo y en una profunda depresión que se llevó por delante su relación con Menotti. Tras tres años de ingresos hospitalarios debido a un cáncer, Barber falleció en su apartamento de la Quinta Avenida en 1981. Nunca pudo superar el éxito del 'Adagio', ni pudo soportar que obscureciera el resto de su producción.
El 'Adagio' se ha interpretado anunciando el fallecimiento de personalidades, en funerales o coincidiendo con sucesos luctuosos, sobre todo en Estados Unidos e Inglaterra. En España era conocido por aparecer en la banda sonora de dos películas de culto, 'El hombre elefante' de David Lynch y 'Platoon' de Oliver Stone, y en los últimos tiempos ha sido interpretado en actos oficiales con ocasión de la pandemia de covid o la dana de Valencia en 2024.
Si el Blue Monday adquirió popularidad por una campaña publicitaria, Arnall se unió a otra en 2016, en esta ocasión para promocionar el turismo en Canarias, que desmontaba la afirmación de que ese fuera un día triste, al menos en las Islas Afortunadas.
La música transmite diversas emociones, pero su percepción está totalmente condicionada por cuestiones culturales y personales. Si ha fallecido su amigo del alma, puede que le apene escuchar un cuarteto de Haydn o un tema de Siniestro Total. Si usted ha perdido a su pareja, le resultará doloroso oír esa música que compartían desde que se conocieron. Si sus padres ya no le acompañan, esa melodía que de pequeño le cantaba su madre o que su padre tarareaba habitualmente, por muy alegres que fueran, le llenarán de melancolía y convertirán ese día, seguro, en el más triste del año.
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