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Opinión | Cartagena D.F.

Abstinencia de huevos fritos

Cartel de ‘El huevo frito’ que opta a representar la Semana Santa de Cartagena

Cartel de ‘El huevo frito’ que opta a representar la Semana Santa de Cartagena / L.O.

A muchos aún les quedará algún dulce navideño en la despensa, mientras terminan de hacer la digestión del pulpo sanantonero y las pelotas galileas. Ni siquiera ha terminado enero y ya tenemos encima la Semana Santa. No es una forma de hablar. Hoy mismo se presenta su cartel oficial, con la agrupación california de la Santa Cena como protagonista, y tan solo unas horas después el centro cultural Ramón Alonso Luzzy acoge el Concurso Internacional de Marchas. Por no hablar de que los tambores ya suenan para que las futuras generaciones de procesionistas aprendan a marcar el paso. Quedan dos meses por delante de intensa actividad cofrade que, por primera vez, han agrupado en un programa único. ¡Bendito sea Dios! Era tal el volumen de citas que facilita mucho las cosas acudir a una única fuente para organizar la agenda. Felicito a los impulsores de la iniciativa y ojalá hubiéramos tenido la misma suerte con el proyecto del Museo de Semana Santa, del que pueden presumir otras localidades de nuestra Región cuyos desfiles pasionales también son reconocidos internacionalmente. Aquí, lo del museo cofrade ya no parece interesar a nadie. ¡Qué pena!

Por cierto, desconozco qué cartel presentarán hoy para difundir nuestras procesiones. Lo que sí sé es que, aunque no se lleve el premio, ya hay un ganador, al menos en lo que a difusión se refiere. Como ya hemos mencionado, es la Santa Cena la agrupación que nos representará este año. El vesturario de sus capirotes combina el blanco y el amarillo, por lo que los ‘bordesicos’ los apodan como los «huevos fritos». Esto ha servido de inspiración a uno de los participantes en el concurso para elegir el cartel, que se ha expuesto en el Luzzy junto a los del resto de partipantes. La imagen representa a un penitente sobre la yema de un gran huevo frito con su puntilla y todo. Debajo, aparece el título: ‘El huevo frito’, con la siguiente nota aclaratoria: «Apodo popular y cariñoso con el que se conoce a la agrupación de la Santa Cena de la Cofradía California». El debate estaba asegurado y abundan los procesionistas que no han mostrado precisamente cariño por esta obra. Que si es una ofensa, que si qué barbaridad, que si no nos representa, que si no serán capaces de elegirlo... Respecto a esto último, que le pregunten a los marrajos de la Magdalena cuando les tocó a ellos el turno.

El cartel del huevo frito ya lo conocen en el mundo cofrade cartagenero y es tema de tertulias desde que empezó a viralizarse en redes. Seguramente, será el único de los 22 que se han presentado que conocemos muchos y puede que incluso tenga más recorrido que el que presenten hoy.

Nuestras procesiones son la tradición más importante que conservamos en Cartagena y merecen un respeto. Hay agrupaciones consideradas menores que apenas tienen oportunidades para representarlas por todo el país y por el mundo. Decenas de cofrades trabajan desde hace muchos años por sacar sus desfiles a la calle cuidando hasta el mínimo detalle para enriquecer y engrandecer los cortejos, por lo que su opinión en esta materia ha de ser más que tenida en cuenta. Y hay que añadir la seriedad de una cita como la Semana Santa, que conmemora la pasión, muerte y resurrección de Jesús.

Dicho esto, es bastante probable que la elección de una obra como la del huevo frito cumpliera con uno de los principales objetivos que persigue un cartel: la máxima difusión posible del evento que se anuncia en él. Estoy convencido de que este trabajo saldría en todos los informativos nacionales y puede que hasta traspasara nuestras fronteras, porque, además, pocas cosas hay tan internacionales como un huevo frito. Se abordaría en torno de sorna, vamos, que seríamos objeto del cachondeo nacional, pero ya saben, hay quien piensa que lo importante es que hablen de uno, aunque sea mal.

Me mojo. Yo jamás elegiría este cartel, aunque resulta simpático y parece que el ánimo de su autor no ha sido ofender a los procesionistas. Tampoco hay que poner el grito en el cielo ante su excesivo atrevimiento y es justo reconocerle su osadía, porque seguro que sería consciente de que muchos se le echarían encima. Además, pone sobre la mesa la necesidad de combinar el respeto con el esfuerzo por ser originales y llamativos. En mi caso, le agradezco que durante al menos un rato nos haya distraído de una realidad de trenes sin destino, mentiras arriesgadas, de imperialismos que dábamos por superados, de recuerdos de guerras civiles que creíamos olvidadas, de cierres industriales y hasta de un nuevo virus que asoma su colita por la India y que nos pone en alerta. Eso sí que manda huevos, como diría nuestro ilustre paisano.

Por cierto, para que quede claro, los huevos fritos no rompen la abstinencia en Cuaresma.

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