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Opinión | MISA DE DOCE

Los pecadores

Escena de la película 'Los Pecadores'

Escena de la película 'Los Pecadores' / L.O.

En el arte, en la cultura y en la vida en general, cada periodo maneja su propio lenguaje y configura sus propios cánones de belleza y entretenimiento que, si los extrapolamos y comparamos con épocas pretéritas, por lo general nos abocan a la mayor de las frustraciones. Está claro que, en ocasiones, el componente nostalgia tiene un valor decisivo en la ecuación y nos hace sublimar el pasado, convirtiéndolo en un ideal que pocas veces se corresponde con la realidad que fue. En fin, ya conocen el dicho: «Cualquier tiempo pasado fue mejor». Servidor no es precisamente sospechoso de ser de esa opinión pero hay veces que la experiencia hace que te des de bruces con la realidad y te preguntes si estamos involucionando.

Digo esto porque la semana pasada se dieron a conocer las películas nominadas a la próxima edición de los Oscars de Hollywood y el thriller vampírico dirigido por Ryan Coogler The Sinners (Los Pecadores) consiguió, ni más ni menos, que la friolera de 16 nominaciones, convirtiéndose de este modo, ojo cuidado, en la película más nominada de la historia.

No afirmo que The Sinners sea una mala película, al contrario. Me ha gustado, entretenido, y evocado, esto último quizás sea el problema, a demasiadas cintas pretéritas. Y es que The Sinners está impregnada por una fuerte espíritu pulp que reinterpreta y mezcla, por citar algunas, el torrente dramático de El color púrpura de Spielberg con la estética explosiva del mejor Robert Rodríguez en Abierto hasta el amanecer.

Vaya por delante que me alegro del reconocimiento recibido por The Sinners, ya que, de alguna manera, ha contribuido a desmontar prejuicios en torno al cine de género y a respaldar su trascendencia artística, pero me parece demasiado premio para lo que realmente aporta.

Y esto, en mi opinión, es debido a que la actual industria de Hollywood tiende a alinearse con una sensibilidad mayoritariamente progresista como respuesta a las políticas marcadas por la administración Trump. Políticas que han reavivado el debate público en torno al racismo estructural que sufre Estados Unidos y que, de alguna manera, explicaría la buenísima recepción que la película ha tenido entre los académicos, ya que nos remite a la realidad afroamericana a través de su carga cultural, emocional e histórica.

Como decía antes, las comparaciones suelen resultar odiosas, pero a veces es imposible evitarlas. La noche del cazador 1955; El bueno, el feo y el malo, 1966; o El resplandor, 1980, por citar solo algunas, no obtuvieron ni una sola nominación. Y, llegados a este punto, la pregunta es inevitable: ¿Quién maneja realmente el sistema y mueve los hilos en la industria de Hollywood para que una obra maestra indiscutible como Sed de mal, del maestro Welles, una de las mejores películas de la historia, fuera olvidada por la Academia mientras The Sinners se corona en lo más alto con 16 nominaciones? Una institución capaz de cometer semejante agravio difícilmente puede considerarse una academia en el sentido más ortodoxo; desde luego, a mí no me representa.

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