Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | NOTICIAS DEL ANTROPOCENO

Tragedias que nos pasan de cerca

Estamos habituados a que todo pase en la televisión, la experiencia sensorial más parecida a una vivencia real porque vemos y oímos, o al menos vemos y oímos imágenes y palabras relacionadas. La ubicuidad de los teléfonos móviles con potentes cámaras y los mensajes de audio nos impactan con tomas reales de los eventos o la voz de los protagonistas. Pero ninguna de estas sensaciones por televisión se parece a la de una tragedia que te pasa de cerca.

Mi primera experiencia, aún de niño, fue cuando vivía en la casa familiar de Santa Lucía (Cartagena). Mientras veíamos la televisión, oímos una fuerte explosión en la lejanía. A esa siguió otra minutos después. Tras la segunda explosión, mi padre (que había sufrido bombardeos en la guerra civil) dijo en voz alta: «La tercera no nos pilla aquí». Toda la familia salimos a la calle para ver lo que estaba pasando. Y lo que estaba pasando era que la Refinería de Escombreras estaba ardiendo, y las llamas hacían que la noche pareciera día. De hecho, las lámparas de la calle se habían apagado ante tanta claridad.

La segunda tragedia cercana fue el hundimiento de una carroza en el puerto de Cartagena. La Velada Marítima era una tradición en la ciudad y cada año, varias embarcaciones construidas ad hoc y engalanadas profusamente para la festividad navegaban recorriendo el puerto, con los embarcados saludando al público de los muelles. La mala fortuna, o más bien la falta de previsión, hizo que los pasajeros se agolparan en un lado de la barcaza provocando que volcara y de seguido se hundiera. Diez pasajeros murieron. Afortunadamente no viví el momento en directo, pero el duelo en Cartagena duró mucho tiempo.

También recuerdo un día viajando en tren hacia Madrid. La parada habitual en Alcázar de San Juan empezó normalmente, pero se fue alargando inexplicablemente. La gente estaba paseando por el tren, cuando un rumor se extendió entre cuchicheos, después en voz alta, y finalmente algunos estallaron en sollozos: la estación de nuestro destino era Atocha, y momentos antes habían estallado varias bombas en varios trenes de cercanías. Era el 11 de marzo de 2004.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents