Opinión | Erre que erre (rock 'n' roll)
Partos a la carta
Ojalá a cada mujer se le brinde seguir su propio pulso de parto evitando intervenciones innecesarias

Una mujer da a luz en su casa, rodeada de su familia y otros asistentes, dentro de una piscina de agua caliente. / L. O.
El parto, ese latido de creación y creatividad, es la danza del dolor transformador, el esfuerzo supremo de la carne y el alma, dónde termina la espera y se inicia una vida.
Un festejo temeroso que celebra la fuerza, la conexión animal de la maternidad. Todo precioso si, previamente, cuando lo permita una dilatación de cuatro centímetros, te cascan una epidural del tamaño de Texas. Si no, agárrate los machos, porque vienen curvas.
La moda entre muchas señoras en estado de buena esperanza es tener un parto natural y respetado (lo que viene a ser rechazar un trabajo instrumentado) y hasta ahí todo idílico. También está de moda parir en casa o en un ambiente bucólico para dar la bienvenida a un nuevo ser (lo que viene a ser rechazar un hospital al uso).
Basta con una piscina, música ambiental, incienso y emisores positivos que carguen de energía el habitáculo escogido para el alumbramiento sin oxitocina sintética ni analgesia. Parece que el mundo esté (des) avanzado, y algunos han aprendido a vender lo que antes castigaba: parir en casa.
Esto no es una película guionizada en la que se escoge el momento máximo de emoción para que la escena pase el rodaje. Como madre cuyo parto se complicó en el último momento tras un embarazo impecablemente ejecutado, creo que puedo permitirme aconsejar a las futuras mamás de que siempre es conveniente una supervisión médica; nadie como una matrona formada en mil batallas (partos) sabrá y podrá ejecutar con precisión una maniobra que se precise para el nacimiento (y de esta burra no me bajo).
La sociedad está cada vez más a favor del parto libre, con influencers que menosprecian el trabajo médico sin tener en cuenta la premisa de que en cualquier momento esa magia se puede romper; hay que valorarlo con precisión y respeto. Y sí, la violencia obstétrica existe, y sobre su rechazo nos pronunciaremos más pronto que tarde. Me han pedido un punto de vista y así lo expongo. Ojalá a cada mujer se le brinde seguir su propio pulso de parto evitando intervenciones innecesarias, ojalá una horita corta siempre en las mejores manos. (Gracias, Hospital Universitario Virgen de la Arrixaca).
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