Opinión | Las trébedes
Asombro
Estamos perdiendo la capacidad de ponernos en contacto, y por lo mismo de asombrarnos, con la naturaleza, con la realidad, con las cosas y las personas que nos rodean
Hay un asombro que nace de la ignorancia y se desvanece con el conocimiento, como el que producen en alguien de pueblo el bullicio y ajetreo de una estación de metro en una gran ciudad, que deja de asombrar cuando se convierte en paisaje cotidiano. Pero el verdadero asombro no desaparece con el conocimiento, antes al contrario, la explicación racional de lo asombroso aumenta el asombro, porque también asombran la explicación misma y la propia capacidad de comprenderla.
Entre la herencia inmaterial que he tenido la fortuna de recibir de mis progenitores hay algunas cosas que he llegado a valorar especialmente, sobre todo cuando en el curso de la vida me he dado cuenta de que no son muchos los que las atesoran y hasta hay quien las desprecia. Puedo decir que mi asombro es casi universal, inabarcable, inextinguible.
Encuentro asombrosa la tecnología, por supuesto. Y no necesariamente me asombran artilugios complejos y sofisticados. Mi madre, principal transmisora de esta capacidad, adquirió hace años un partidor de almendra increíble. Permite partir almendra sin apenas peligro de ‘cucarse’ los dedos y sin machacar la semilla. No da golpes y requiere muy poca fuerza, está basado en la máquina más simple, la palanca. Cuando mi madre se pone a partir almendras yo puedo quedarme embobada mirando: clac, una; clac, otra; clac, otra. Asombroso. La lista de inventos asombrosos es interminable: la navaja y su especialización el bisturí; las tijeras; la ventosa; todas las herramientas específicas de cualquier oficio, carpintería, talabartería, costura, albañilería… Hasta la IA, de la que hablaremos otro día.
Para admirarse con la naturaleza basta con salir a la calle. Incluso en el centro de las ciudades se pueden ver plantas naciendo en la mínima rendija entre dos baldosas donde se ha podido acumular una insignificante cantidad de tierra. He visto higueras nacidas entre dos tejas, incluso palmeras pugnando por hacerse hueco para crecer entre dos adoquines de una acera. Es la manifestación más obvia de lo que Nietzsche llamó ‘voluntad de poder’, esa fuerza universal y omnipresente de la vida en todas sus formas. ¿Por qué resulta tan hipnótico el movimiento de las llamas? Era la televisión de los pastores, decía mi padre. Ojalá que la televisión fuera así, ocasión de sumergirse en los propios pensamientos, en el conocimiento de uno mismo o en ensoñaciones.
De las artes, la música es quizá la producción humana que mejor conecta con la naturaleza. Cualquier espacio natural está lleno de sonidos que componen un tapiz asombroso: el ruido del viento en las copas de los árboles, el canto de los pájaros, el romper incesante de las olas en la orilla, el cri-cri de los grillos o el bu-bu de un autillo, la lluvia goteando rítmicamente de una rama seca sobre un charco… El límite solo depende del grado de atención que uno ponga en la escucha o la observación. En cuanto al arte musical, la música producida por el ser humano, nada me resulta más asombroso que escuchar cantar maravillosamente bien a un niño o el sonido de una orquesta resultado de la perfecta ejecución de docenas de maestros.
Estamos perdiendo la capacidad de ponernos en contacto, y por lo mismo de asombrarnos, con la naturaleza, con la realidad, con las cosas y las personas que nos rodean, que están a nuestro lado, a nuestro alcance. Cuando lo hacemos, no es algo natural o directo, sino más bien dirigidos, mediatizados, sea por la actualidad, la moda, la necesidad o el interés. Las empresas de ocio y turismo ya no ofrecen ‘excursiones’ sino ‘experiencias’. Frente al flâneur, que disfruta callejeando sin rumbo atento a los sonidos y novedades de la ciudad, se impone el centro comercial, que aturde y cansa. El asombro nos salva del tedio, de la rutina y de la melancolía. Solo hay que abrir los sentidos y despertar nuestra atención para descubrir motivos de asombro. El aburrimiento aboca a la barbarie, el asombro puede ser protector.
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