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Opinión | El blog del funcionario

Los jóvenes ya no quieren ser el ‘Che’

Ilustración de Leonard Beard.

Ilustración de Leonard Beard.

Dudo incluso que hasta sepan quién fue, sobre todo después de leer una encuesta realizada en una universidad privada a estudiantes de primero, en la que el 87% lo identificaban —al ‘Che’— con una marca de horchata de chufas valenciana.

Nuestros jóvenes no quieren ir a Chiapas —posiblemente no sepan ni donde está— y no saben ni quien fue el subcomandante Marcos ni su lucha. La vida ha dado un vuelco de 180 grados, y ahora muchos de estos jóvenes escuchan a personajes como Vito Quiles, Alvise Pérez o incluso un tal Iker Jiménez, expertos manipuladores, fabricantes de noticias falsas, que son vitoreados cuando su único mensaje es «Viva España» o «Pedro Sánchez hijo de puta», lo que demuestra, por un lado, su nivel intelectual, y por otro, lo que es peor, un nivel más que preocupante en un porcentaje alto de jóvenes que siguen jugando no al fascismo, sino algo peor, al supremacismo, como si estuviéramos en el lejano Oeste, pero en vez de matar indios, queremos cazar, apalear y expulsar moros.

Hay jóvenes que aplauden que gente sin preparación y que se dedica a vender su vida a través de las redes sociales elogien que se vayan a Andorra para no pagar impuestos, y no solo se vanaglorian de ello, sino que muchos de esos jóvenes, que los idolatran, ni tan siquiera se preguntan por qué su madre, su abuela o un amigo recibe quimioterapia en un hospital público, o es operado a las tres de la mañana de una fractura cuando volvía borracho de una fiesta tras el accidente que tuvo en su moto, y nadie le cobró nada.

Hace poco más de 15 años, el mundo aplaudía la elección de Obama como presidente de EE UU; ahora, en cambio, en el año 2026 gobierna la primera potencia militar mundial un degenerado, infantil, narcisista, psicópata y chulo, que cuando no tiene nada mejor que hacer, es capaz incluso de amenazarnos a los españoles por no gastarnos el doble de lo que invertimos en comprarle a las empresas norteamericanas material militar, y nosotros, aquí, la única respuesta que damos es votar a su franquicia en España.

Ahora, cuando veo a jóvenes con banderas de España con el águila como complemento, a miles de chavales alabar al sanguinario y dictador Franco, mientras sus ojos se llenan de ira y patriotismo cuando alguien le dice que un inmigrante le ha dado un tirón a una abuela y le ha robado el bolso, sin tan siquiera preguntar si era verdad, cuando son incapaces de ir a una manifestación para parar el genocidio de Gaza, pero se montan cuatro en un coche para ir a Torre-Pacheco para ir a la «caza del inmigrante», me pregunto quién falla, si ellos o nosotros.

Cuando escucho letras de canciones que cantan miles de jóvenes a pulmón lleno, donde se vuelve a tratar a la mujer con desprecio y humillación, como si su misión en la vida fuera ser empotradas o chuleadas, o cuando ves a miles y miles de jóvenes perteneciendo a corrientes religiosas, y que nos recuerda que cada día estamos más cerca de esos predicadores que vemos en Norteamérica, y que a algunos nos pone en alerta sobre lo que el ser humano es capaz de degenerarse, me refugio en la memoria, esa que te lleva a la cultura, a la música o a la lectura, y como decía el gran entrenador César Luis Menotti, cultura, música y libros, solo hay dos tipos: los buenos y los malos.

Por desgracia, ahora nos ha tocado vivir los malos.

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