Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | Miradas furtivas

Luis Zambrano Pérez: Mirar sin muros

Retrato de Luis Zambrano Pérez

Retrato de Luis Zambrano Pérez / Juan Ballester

Dejaremos de ser racistas el día que consigamos mirar a otros humanos sin darnos cuenta de sus diferencias con nosotros, lo que, intuyo, no sucederá jamás. Otra cosa es que esa diferencia, aunque nos sea evidente, no sólo no nos importe, sino hasta que nos atraiga, nos interese, nos alegre. Y sé perfectamente que haber iniciado la Mirada de hoy citando la palabra ‘racistas’, es ya, por sí mismo, un mal comienzo, aunque también estoy seguro de que, para poder llegar a no citarla, previamente deberíamos conseguir ‘despenalizarla’; claro, tanto por parte del sujeto activo, como del pasivo. O sea, poder llamarle aladroque a un cartagenero, como él a un murciano barriga verde, sin que en ambos casos el uso del cariñoso apodo constituya peyorativismo alguno, si no, más bien, una digna y orgullosa realidad diferencial entre hermanos.

Sirva esta larga introducción para explicar que entablé comunicación con el venezolano Luis Zambrano Pérez siendo consciente de que me estaba dirigiendo a un extranjero en mi ‘casa’. Bueno, la verdad es que no solo lo hice por eso, sino también porque portaba una Sony envidiable y, sobre todo, porque, un poco antes y muy amablemente, nos había ofrecido a mis nietos y a mí la posibilidad de sentarnos junto a él en un momento en el que la cafetería Starbucks se encontraba repleta de gente. Inevitable en esos primeros instantes preguntarle por su cámara y, a partir de ahí, hasta hoy, todo se ha conducido de una manera muy fluida y hasta productiva entre nosotros; es verdad que cada uno llevamos nuestro objetivo (nunca mejor dicho), pero el mío actual, que no es otro más que el intentar conocerlo a través del retrato, creo que, más o menos, se ha realizado.

Luis es la típica persona que evidencia una fuerte presencia con un trato amable y muy seguro, pero que, al mismo tiempo, todo eso convive con una aniñada y tierna mirada, algo que continuamente necesita ocultar.

Se come el mundo con su trabajo en Rekao, una empresa que regenta junto a su socio y que se dedica al estudio creativo de marcas y marketing, pero todo es indagarle por su lado sentimental y las puertas del ‘castillo ‘se abren de par en par, el foso se seca y el puente levadizo cae sin resistencia, revelando que en ese espacio no hay murallas defensivas sino estancias luminosas, llenas de una sensibilidad honesta que, cuando se nombra, él ya no sabe (ni quiere) esconder.

Tracking Pixel Contents