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Opinión | El Canal del Funcionario

¿Cómo se puede votar a Abascal y odiar a Trump?

El presidente de EEUU, Donald Trump

El presidente de EEUU, Donald Trump / Europa Press/Contacto/Peng Ziyang

Quizás podría haber titulado este artículo de la siguiente manera: ¿Cómo se puede no querer que se desmantele la sanidad pública y votar a VOX? O también: ¿Cómo se puede apostar por fortalecer la educación pública y confiar en Antelo?

Aunque quizás, solo quizás, el titular que más nos contradice como sociedad sería: ¿Cómo podemos depositar nuestra confianza en la lucha contra los incendios o gotas frías en quienes niegan el propio cambio climático?

Las respuestas a todas estas preguntas no las tienen que buscar en la Casa Blanca (Trump) ni en el peligro que corre nuestra sanidad pública, ni tampoco en el deterioro permanente de la educación pública y ni mucho menos en el apoyo empresarial a los grandes terratenientes del agua, y por supuesto no busquen en la emergencia climática la pieza del puzle que dé sentido a nuestras incoherencias.

Si quieren encontrar la respuesta, o quizás sería mejor decir la excusa para apoyar a quien considera a Donald Trump un héroe mundial, me refiero a Santiago Abascal, la tienen en el miedo que han conseguido inocularnos con la inmigración y lo que llaman efectos colaterales (seguridad, violencia, ocupación y abuso de las ayudas sociales).

Si queremos en España un copia y pega de lo que está pasando en EE.UU. con la inmigración, con mercenarios pagados con dinero público tratando a inmigrantes como perros, asesinando incluso a norteamericanos que se oponen a estos “parapolicías”; si queremos armarnos hasta la médula, desmantelar el actual sistema sanitario público, acabar con el sistema público de pensiones y privatizar la educación y hasta sacar, si es necesario, al ejército para sentirnos protegidos, cántese a sí mismo la canción “Corazón loco”, esa que dice: “Cómo se puede querer dos mujeres a la vez y no estar loco”.

Ojalá, votemos a quien queramos votar, por lo menos fuéramos coherentes con nosotros mismos; lo mismo hasta nos sorprenderíamos de nuestras grandes contradicciones. Que el miedo no sea nuestro único consejero debería estudiarse en todas nuestras escuelas.

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