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Opinión | El especialista

Policía local, periodista y criminólogo

Propósitos de año nuevo

Qué pronto nos hemos olvidado de las promesas de Año Nuevo. No hace ni un mes que estábamos tomándonos las uvas y prometiendo lo impensable mientras sonaban las campanadas. Somos lo más parecido a los políticos: prometer hasta meter y, una vez metido, olvidar lo prometido. ¿Ha tocado algo en la lotería? No, ¿verdad? Todo sigue igual. Pero seguro que tenemos salud. Y si no la tenemos… eso sí que es realmente preocupante.

¿Qué va a hacer mi querido lector este año? ¿Dejar de fumar, apuntarse al gimnasio, comprar la baliza V16, aprender idiomas, contribuir a bajar el número de muertos en carretera, adelgazar…?

El propósito de mi mujer es no aumentar de peso y que aumente su cuenta bancaria, siempre con la tarjeta en la mano. Y yo, con los propósitos de ella, ya tengo suficiente; no es necesario pedir más. Seguiremos siendo ese ‘cuerpo escombro’ que se resiste a apuntarse al gimnasio y que, tras la segunda sesión, no vuelve a dejarse ver por el box. Aunque hay otros que son para echarles de comer aparte: todo lo contrario, parece que viven allí dentro.

Se lo voy a poner fácil. Le dejo una lista con mis propuestas para este año. Si de aquí a diciembre consigue cumplir al menos diez, escríbame —por email vale, a carriscarris@gmail.com— y nos tomamos una caña. Ahí van.

La primera es la más demandada cada enero. No sé cómo los monitores del gym pueden soportarlo. Al menos algunos tienen vista comercial y lanzan cuotas a precio reducido si adquieres el bono anual. Ya sabemos cómo acaba eso. Pues sí, la primera es ir al gimnasio… pero a devolver la cuota antes de marzo. La segunda no puede ser otra que comer más sano, pero solo de lunes a jueves no festivos. Nos pasamos el año zampando de lo lindo y luego lloramos por el cuerpo escombro que lucimos en verano.

La tercera es ahorrar dinero, aunque sea empezando por no pedir comida a domicilio entre semana. La cuarta, beber más agua y menos «ya que estamos, otra caña».

La quinta, intentar dormir ocho horas diarias… sumadas a lo largo del día. Da igual dónde sea; el orden de los factores no altera el producto.

La sexta sería leer más libros (por favor, que no lea esto mi mujer). Los subtítulos de Netflix cuentan. También organizar mejor mi vida usando listas… que luego no miraré.

Y dos más: dejar de decir «el lunes empiezo» y controlar el estrés respirando hondo antes de contestar según qué mensajes.

¿Cómo vamos, muy frustrados? Pues aún quedan diez más. Si sigue leyendo es que le interesa, y eso ya es un logro.

Vamos a intentar llegar con puntualidad a las citas… o, al menos, avisar con más sinceridad, sin excusas chabacanas. Otra muy recurrida: hacer más ejercicio, aunque sea subir escaleras cuando el ascensor tarde demasiado. También cocinar más en casa y pedir menos comida «porque me lo merezco». Así tengo el cuerpo que tengo: porque me lo merezco, lo que como y el cuerpo. Y si, al despertarnos, no miramos el móvil lo primero. Solo cinco minutos… o veinte.

Quedan menos. Otra propuesta sería mantener la casa ordenada, especialmente cuando viene visita, o directamente no invitar a nadie. Hay que aprender a decir más veces «no» y menos «venga, vale». A veces un «vete a tomar té» viene muy bien para la salud.

Como mínimo, tenemos que aprender algo nuevo: un idioma, a cocinar o cómo dejar de procrastinar. Si quiere ahorrar, aprenda a gastar menos en cosas innecesarias (las compras online a las dos de la madrugada no cuentan).

Quedan tres más: intentar ser más paciente… excepto en la cola del supermercado, en el semáforo en rojo o en ese cruce donde el guardia parece estar liándola.

La penúltima sería hacer más planes al aire libre, siempre que no haga frío, calor, viento o pereza, y que no sea verano, otoño o invierno.

Y para finalizar, la más importante: aceptarme tal y como soy… pero mejorado en HD. Ya sabe, querido lector: si consigue cumplir diez, escríbame. Yo ya he cumplido tres de la lista y la más importante, que usted me leyese hasta el final.

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