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Opinión | LA FELIZ GOBERNACIÓN

Que lo expliquen Jéssica y Miss Asturias

La expareja de Ábalos, Jessica Rodríguez

La expareja de Ábalos, Jessica Rodríguez / EFE

En su extensa y poco aclaratoria rueda de prensa del pasado miércoles, el ministro Óscar Puente se hizo emparedar entre dos técnicos de alto copete de Renfe y Adif, quienes se limitaron a reproducir datos que ya conocíamos por los medios de comunicación y ninguna novedad acerca de las causas del accidente ferroviario o de una leve aproximación a ellas. En su introducción, Puente advirtió a los periodistas que se quedaran con las caras de sus acompañantes, dando a entender que en adelante su ministerio se limitará a ofrecer respuestas técnicas, obviando las políticas, que son las que le incumben personalmente. Extraño proceder en un ministro que polituitea habitualmente con todo lo que se mueve, no siempre en el mejor tono.

Tal vez, y esto apuntado como sugerencia, la rueda de prensa habría sido más expresiva de cuanto acontece con los trenes en España si en vez de esos dos técnicos, Puente se hubiera hecho flanquear en su comparecencia por Jéssica Rodríguez y por Claudia Montes, Miss Asturias 2017 por más señas. Su sola presencia, sin necesidad de reportar, habría sido muy explicativa de en qué clase de cosas invierte algunos de sus recursos el ministerio que ha de garantizar la calidad y la seguridad del derecho a la movilidad ciudadana.

Está de más recordar que la primera, Jéssica, es la mujer que estuvo durante dos años y medio percibiendo salarios en dos empresas de Renfe dependientes del Ministerio de Transportes sin acudir a su puesto de trabajo, y la segunda admitió obtener plaza a dedo en otra empresa de servicios a la ferroviaria tras plantear su situación de precariedad laboral al ‘compañero’ socialista Ábalos, el antecesor, a quien sin duda por agradecimiento remitía whatsapps del tipo: «Guapo, nececesitas unas vacaciones, pero conmigo». La presencia de estas dos expertas profesionales de la tecnología ferroviaria («chiquichiquichí con el jaleo del tren, chiquichiquichí que viene el revisor...») habría sido más expresiva, digo, sobre las interioridades del ministerio que ningún otro intento de explicación. El chocolate del loro, sí, pero un ejemplo gráfico y sencillo del descarrilamiento de una política.

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