Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | Noticias del Antropoceno

Matrimonios a cara o cruz

Una imagen de archivo de un notario atendiendo a sus clientes

Una imagen de archivo de un notario atendiendo a sus clientes / L.O.

El 50% de los matrimonios en España termina en ruptura, la inmensa mayoría, afortunadamente, de forma concertada y sin enfrentamientos. A ello ha contribuido la generalización de la preferencia judicial por la custodia compartida, al contrario que la antigua y profundamente injusta costumbre de privilegiar al cónyuge femenino. Todavía no se ha encontrado una forma razonable de evitar las falsas denuncia de violencia doméstica que los abogados aconsejan presentar a sus representadas en los casos en los que se llega a pleito, según denuncia Soto Ivars en un reciente libro sobre el asunto.

Habría que recordar que el 50% es la misma proporción de caras y cruces que se obtiene al lanzar repetidamente una moneda al aire. Eso no significa que la continuidad del matrimonio sea solo cuestión de suerte. Solo que lo parece. Y es que los primeros matrimonios son fruto muchas veces de las pulsiones químicas que ensombrecen el juicio de los jóvenes. Afortunadamente para la continuidad de la especie, la niebla mental produce sus frutos en forma de retoños. Cuando la química se agota y los hijos arruinan el romanticismo de la convivencia, surgen las madres mías y las rupturas consiguientes. Son generalizaciones, por supuesto. Pero avaladas por las estadísticas. La tendencia actual es que la gente se case más tarde, lo que influye sin duda en la disminución brutal de la natalidad.

Los matrimonios rotos no son sinónimo de fracaso perenne. Una gran proporción de ellos acaban disolviéndose cuando los hijos se han tenido y han superado una cierta edad. Podríamos decir que los primeros matrimonios son un garante de la natalidad, ese bien cada vez más escaso entre los nativos de nuestro país. Además, un tercio amplio de los divorciados se vuelve a casar, sobre todo después de los 45 años. Entre tanta ‘palomica suelta’, no es raro que los halcones al acecho encuentren un buen partido.

Como la fertilidad de la mujer disminuye con la edad y la racionalidad crece, estos segundos matrimonios no suelen ser fecundos. La demostración es que la proporción de divorcios en segundas nupcias es muchísimo menor que ese aciago 50% que mancilla las perspectivas de continuidad de las primeras.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents