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Opinión | El que avisa no es traidor

Portugal: poco que celebrar

António José Seguro, disputará a los ultras la presidencia de Portugal

António José Seguro, disputará a los ultras la presidencia de Portugal / Goncalo Fonseca

Que el socialista portugués António José Seguro haya ganado con diferencia la primera vuelta de las presidenciales portuguesas del domingo 19 frente al ultraderechista André Ventura del partido Chega da poco motivo para celebrar. Y que teóricamente, según los pronósticos, sea claro favorito para la segunda vuelta contra el mismo candidato ‘carca’, no añade mucho. Ya la izquierda clásica y no clásica (y la derecha liberal) vivieron semejante experiencia en Francia en abril de 2022 cuando Emmanuel Macron derrotó a Marine Le Pen gracias al apoyo electoral de prácticamente todo el espectro político no-parafascista.

Fue una solución a la desesperada de la mayoría de los votantes para que no ganara el entonces llamado Frente Nacional, devenido la fuerza más sólida y aisladamente de mayor tirón electoral en nuestro vecino del norte desde hacía años. Como ahora es Chega en nuestro vecino del oeste. Lo que muestra que los demás, desde la llamada por la derecha ‘extrema’ izquierda o ‘populista’ y el centro-derecha clásico hasta la derecha neoliberal con planteamientos económicos y sociales no demasiado alejados de los derechistas radicales, han perdido su credibilidad ante los votantes.

El asalto electoral de la extrema derecha al poder democrático enseña, sobre todo, que el fenómeno se está dando por el retroceso, al que aún algunos se resisten a llamar derrota, social y político de la izquierda, socialdemócrata o no, y de las cobardes contemporizaciones a esos dos niveles de las fuerzas de derecha clásica.

La victoria de Seguro hay que enmarcarla, pues, en un escenario de incapacidad general de contrarrestar el discurso demoledor de valores democráticos de la extrema derecha, ahora espoleada desde la orilla izquierda del Atlántico por un aún encubierto dictadorzuelo capaz de destruir en primer lugar, desde Miami, Nueva York y Washington, la democracia más conservadora y asentada del hemisferio occidental.

Poco hay que celebrar cuando en sucesivas elecciones europeas –antes en Francia, ahora en Portugal, mañana en Alemania– las fuerzas genuinamente democráticas –o eso se creen– salvan los muebles in extremis ante la potencia y la preponderancia ideológica del parafascismo y la derecha totalitaria en sus diferentes formas. Recordemos a Walter Benjamin.

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