Opinión | El Prisma
¿Debe aceptar Murcia el nuevo modelo de financiación? Aviados vamos
Era de esperar el sindiós que se ha liado con la propuesta de nuevo sistema de financiación de la vicepresidenta primera, ministra de Hacienda y candidata a la Junta de Andalucía, María Jesús Montero. Demasiadas cosas al mismo tiempo tal y como está el patio. El rechazo casi unánime de las comunidades autónomas al nuevo orden puede considerarse superficial, puesto que cada una lo hace por razones diferentes y divergentes del resto.
Solo un par de mínimos comunes denominadores parece unir a las discrepantes: la expresión de un nuevo signo de anticatalanismo rampante desde el «prusés» y la crítica acerba a ese «dejadme solo» tan torero con el que Sánchez parece pretender gobernar el Estado, a pecho descubierto e indiferente a opiniones contrarísimas. Aquello de la declaración unilateral de independencia fue tan desgraciado en sí mismo que pasarán bastantes años antes de que muchos españoles vean a los catalanes como conciudadanos. El solipsismo sanchista, por otro lado, le lleva a pergeñar una estructura para todos sin contar con nadie más que Cataluña; lo cual queda muy feo, democráticamente hablando.
En esta ocasión, Feijóo ha sabido afinar el cornetín de órdenes antes de tocarlo para llamar a su barones a apretar filas. El terreno era, aunque abrupto, fácil. Porque se veía imposible que una reorganización de la financiación no tuviera oposición más o menos numerosa habida cuenta que desde el inicio estaba claro que el «reequilibrio» supondría que, para que hubiera comunidades que mejoraran su estatus, tendría que haber otras que o empeoraran el suyo o quedaran igual.
Ahora bien, el problema consiste en dilucidar quién y cómo mejora y quién no. Si se toma de referencia el índice de financiación relativa por habitante ajustado, como hace FEDEA, seis comunidades mejoran (Cataluña, Andalucía, Murcia, Valencia, Baleares y Madrid); pero nueve (Galicia, Asturias, Cantabria, Rioja, Aragón, Castilla La Mancha, Canarias, Extremadura, y Castilla y León) van a peor. Si el parámetro es la financiación total por habitante ajustado, resulta que solo cuatro (Cantabria, Rioja, Extremadura y Castilla y León) quedan igual, mientras que todas las demás mejoran.
En el caso de Murcia, no se puede negar que la propuesta Montero-Sánchez implicaría logros indudables pues mejoraría notablemente con ambos índices de referencia. Cabe colegir que el rechazo radical de López Miras —expresado en unos términos de beligerancia rara vez vista en democracia— se debe a que atiende por encima de todo a lo que marca el cornetín de Feijóo. Por mucha solidaridad que quiera manifestar con sus conmilitones perjudicados, se supone comúnmente que fue elegido para que mejorar la calidad de vida de los murcianos. ¿O no?
Otra cosa es que la escasa habilidad política y social del tándem Montero-Sánchez les haya granjeado esta aparente revuelta de los 14 prebostes afectados, indiferentemente de su color político y cada uno por sus propias razones. Como la que tiene el supuesto socialista García Page que sabe que la bandera anticatalanista le hace ganar elecciones. Y algo ayuda también al presidente López esa misma enseña. Tampoco mejora nada la autosuficiencia de Montero invitando a los descontentos a quedarse con el malhadado modelo actual.
Tras un final de año desastroso por su propios errores al elegir subordinados y porque los jueces del lawfare incrementaron su acoso para difuminar lo del «primer damo» de Madrid, a Sánchez y a Montero les entraron unas urgencias indebidas por revertir el estado de cosas que mostraba la mayoría de las encuestas. Se olvidaron de que hay que vestirse despacio cuando se tiene prisa. El resultado, a la vista está.
Lo peor del caso puede ser que, tras este intento tan malamente frustrado por reordenar la financiación autonómica que dejó en 2009 el egregio Aznar, será difícil reconducir una reforma efectiva y que contente, si no a todos los barones de uno u otro signo, a casi todos. Porque falta por todas partes el talante de responsabilidad y voluntad de acuerdo que precede a cualquier negociación. Y hace tiempo, aunque bastantes no quieran enterarse, que pasó la época de mayorías absolutas. Si hemos de esperar que Feijóo proponga otro modelo y lo aplique cuando gane las elecciones, aviados vamos.
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