Opinión | Cartagena D.F.
Bamboleo mundial
Culpar exclusivamente a estos líderes mundiales, muchos de ellos elegidos por nosotros mismos, es irresponsable, porque la polarización la hemos alimentado entre todos

Ilustración de Leonar Beard / Leonar Beard
Cuando la guerra llega así de esta manera, uno no se da ni cuenta. Odiarse no tiene horario ni fecha en el calendario, cuando las ganas se juntan. Se habrán dado cuenta de los forzados cambios en la letra de esta canción que versionó Julio Iglesias.
¿Quién nos lo iba a decir? Debe ser que la tensión se contagia y, o le pones freno de inmediato, o conduce a la debacle. Y mientras el desorden mundial se cierne sobre nuestras cabezas, resulta imposible zapear desde tu sillón sin toparte con las escabrosas denuncias contra nuestro cantante más internacional. Que digo yo que claro que interesa, pero resulta «raro, raro, raro» que le demos más importancia a estos presuntos lamentables abusos que a las contundentes amenazas de un líder desbocado que ha provocado un auténtico bamboleo mundial. Salvando muchas distancias, cabe recordar que el primer Mundial de fútbol que ganó la selección española femenina quedó en segundo plano por el affaire de Rubiales y Hermoso.
Tendremos que aprender a vivir de otra manera. Ya hay quien ha tomado nota. El número de visitas a la web de una empresa murciana especializada en la construcción de búnkeres se ha multiplicado por diez. Si quieres estar a salvo de ataques químicos, biológicos o nucleares, basta con que dispongas de 80.000 euros en la cuenta para hacerte tu casa bajo tierra, equipada para largas estancias, aunque con algunas estrecheces, porque ese es el precio del modelo básico de doce metros cuadrados para cuatro personas. Vamos, que quizá debamos ir practicando lo de encerrarnos toda la familia unas horas en la habitación de matrimonio, para que la adaptación no nos pille de golpe. Eso dando por hecho que escapas a la crisis de la vivienda y cuentas con un techo bajo el que dormir. ¿Cómo van a plantearse nuestros jóvenes refugiarse bajo tierra cuando disponer de un hogar sobre ella es una quimera? Pensándolo bien, tal y como está el patio internacional, podrían priorizar lo de enterrarse en vida. No me extraña que a nuestra juventud y a nuestros adolescentes les dé por el botellón y prender algunas matas, como ha ocurrido estos días en el Molinete de nuestra querida Cartagena. Pensarán que unas llamaradas y una borrachera son poca cosa al lado del lamentable estado que exhiben nuestros líderes atrapados en la permanente embriaguez de la disputa. Y da igual si es Venezuela o Groenlandia, si es la financiación autonómica, Julito Iglesias o la plantilla de Sabic... Lo que importa es lo mal que lo haces tú y lo bien que lo haría yo y viceversa.
Tanta bomba dialéctica, al final prende las mechas de verdad, porque nos convierten en enemigos y, en esa tesitura, siempre gana el listo o el más fuerte. Y cuando todo estalle, nos daremos cuenta de que hemos dejado escapar el tiempo de las palabras bonitas y los buenismos, perdidos durante tanto tiempo entre reproches e insultos. ¿O vamos a cometer de nuevo el error de contabilizar las víctimas por bandos?
A Trump le quedan tres años al frente de la Casa Blanca, tiempo más que de sobra para ponerlo todo más patas arriba de lo que ya está. Además, si fuera el único que parece haber perdido la cabeza, tal vez habría remedio, pero apenas suenan críticas hacia su gestión en su país, hacia el que siempre hemos mirado como el protector de nuestra civilización frente a las locuras procedentes de otros imperialistas desbocados.
Culpar exclusivamente a estos líderes mundiales, muchos de ellos elegidos por nosotros mismos, es irresponsable, porque la polarización la hemos alimentado entre todos hasta convertirla en la principal preocupación, según el reciente informe de riesgos globales elaborado por el Foro Económico Mundial. Más preocupante aún es que, en el caso de España, los ejecutivos encuestados señalan como segunda inquietud la escasez de talento. Y aquí volvemos al botellón, que no es un problema de ahora. Surgió en nuestra generación, la que hemos ejercido de padres sobreprotectores y consentidores, muy alejados de transmitir la cultura del esfuerzo. El resultado nos lo dan las encuestas en intención de voto, que reflejan que uno de cada cuatro jóvenes de entre 18 y 24 años piensan votar la opción extremista de Vox en las próximas elecciones, según el CIS, que añade que es casi el mismo porcentaje de todos los que se decantan por el PP y el PSOE juntos. Son nuestros hijos. Podemos pensar que son inconscientes e irresponsables y preguntarnos por qué. Siempre podrán respondernos: "Porque mi vida yo la he aprendido a vivir así", aunque no sepan cantarlo y sigan escuchando reggaetón a todo volumen en cualquier explanada de nuestras ciudades y barrios, sin que sepamos ni siquiera dónde están.
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