Opinión | Erre que erre (rock ‘n’ roll)
La vida no sigue igual
Ante una lacra de todopoderosos que abusan y destrozan la vida de cuasi adolescentes, solo nos queda estar todas a una

El cantante español Julio Iglesias / EUROPA PRESS
Ha sido desgarrador escuchar el testimonio de las internas, mujeres que refieren, trabajaban al servicio del cantante en posición de servidumbre y sometidas a su amo sexualmente. Julio Iglesias ¿Quién lo habría imaginado?
El adalid del macho ibérico, tras una investigación periodística de más de tres años por parte de Elena Cabrera y Ana Requena, para El Diario.es, con testimonios detallados sobre agresiones sexuales y maltrato laboral de un hombre con enorme poder sobre infatigables sin la mínima experiencia.
Afortunadamente, estas mujeres han sentido que no están solas, que madurar es entender que la inestabilidad de alguien es una señal para irte, no un reto para demostrar tu valor. Seguramente abrirán el camino para que muchas otras puedan dar el carpetazo necesario ante los abusos del todopoderoso que paga sus nóminas.
El símbolo de la masculinidad, un señor, un truhan —como puede ser cualquier hombre con poder adquisitivo—, pero, en este caso, un pilar de la cultura de este país, nuestro mejor producto, ha caído para muchos como el mito que hasta antes de ayer era. Estar en su piel debe ser algo inimaginable, con absoluto privilegio, descarada prebenda. Pobre Julio Iglesias, tocarle esta desgracia en el ocaso de su vida.
El machismo de clase donde la impunidad campa a sus anchas —y todos callan— ha salido a relucir en tantos y tantas que niegan la mayor y defienden al cantante. Vaya desde aquí el respeto a la presunción de inocencia, pero esto huele a podrido.
Y uno de los motivos de ese hedor no es sino la precariedad de unas mujeres cuyo miedo las ha paralizado hasta que han dicho ¡basta! Y lo peor, de nuevo: las que justifican al presunto autor de esas atrocidades extremas incluso en la literatura del marqués de Sade, desprestigiando a las posibles víctimas y tachándolas de mentirosas. Se verá.
Ante una lacra de todopoderosos que abusan y destrozan la vida de cuasi adolescentes, solo nos queda estar todas a una. No es decente defender ni media actitud denigrante en función de nuestras creencias políticas. No va de esto la vida; los agresores no siempre están en un callejón a oscuras, a veces te los encuentras ejerciendo una condición de poder, por lo que debemos reflexionar antes de poner en tela de juicio la denuncia de una igual.
¿Qué ha pasado para no defendernos nosotras a nosotras mismas para que haya mujeres que justifiquen actitudes y señalen que las violaciones reales están siendo cometidas en otros lugares?
Repito, la presunción de inocencia vaya por delante, pero si las acusaciones tan graves son ciertas, para muchos habrá caído un mito. Será la muerte anunciada de un artista universal que no aceptó jamás un «no» por respuesta. Si no lo son, flaco favor a esta leyenda.
Como mínimo, cautela, sensatez y cordura ante las posibles víctimas por parte de la inquisición del «¿Y por qué no denunciaron en su momento?».
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