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Opinión | El Mirador

Antecesores

Restos de homo sapiens

Restos de homo sapiens / EFE

Aunque a los científicos ya les molesta seguir hablando de 'eslabones perdidos' (eso significa que nos perdimos y aún no nos hemos encontrado) está claro que de algún lugar venimos y en algún momento estuvieron los antecesores de los que nos decimos Homos Sapiens – aunque lo de Sapiens bien puede ponerse en duda – la cosa es que se han encontrado en Casablanca, Marruecos, los que podrían ser los tatarabuelos de ese tal nuestro, de aquí… Eso quiere decir que a nuestro Antecesor de Atapuerca le ha salido un serio competidor al norte de África, que le va a hacer sombra, mientras que nuestro murcianense Hombre del Cabezo, se convierte en el eslabón que ratifica el paso de nuestros requeteabuelos de un continente a otro, y el hecho de que la cuna de la humanidad fué africana ( o sea, que todos somos inmigrantes de los de antes, y lo siento por los abascales petulantes).

Mas aparte de la antropología, que tiene lo suyo, y es importante reconocerlo, los nuevos restos han sido datados en 773.000 años, que ya es una buena edad para ir pensando en la jubilación… Sin embargo, hay otro dato que, comparado con la vida de la Tierra, que es de 4.500 millones de años, y si las matemáticas no me fallan, el hombre tiene el 0´00017% de la existencia de su planeta. Una vulgar insignificancia… Y si lo comparamos con la antigüedad de la Creación, tomada desde el Big Bang acá, que es de 13.800 millones de años, nos faltarían la tira de ceros a la izquierda para porcentuar nuestra inanidad… Somos la última verruga de la última almorrana del último piojo de la última conperdón, de cuánto fue creado.

Pero llegamos tarde y con una mala leche incorporada en nómina tal, que está poniendo en peligro todo lo que empinó el Creador en esa misma semana que cuenta La Biblia… Una semana, por cierto, donde cada día duró la friolera de casi dos mil millones de años, contando el último que hubo de tomarse para darse un respiro; pues se ha de reconocer que, con nuestra parida, para ser la última y más elaborada, se quedó descansando… Lo que está claro, y ya fuera de toda duda, es que, de alguna forma y manera, fuimos (aún lo somos hasta que se nos quite de en medio) el agente activo más importante y determinante – para bien o para mal – en el cambio de todo este arte que tanto costó levantar. En la millonésima parte de un tris de ese tiempo, lo hemos puesto todo patas arriba.

Los científicos antropólogos continúan diciendo de este último hallazgo que “combina características arcáicas observadas en el Homo Erectus, junto a rasgos más modernos”… Con todos mis respetos, vale, de acuerdo, ¿y qué?.. si hemos sido capaces de provocar lo que está a punto de estallar en lo que tanto tiempo estaba establecido, ¿qué más da que llegáramos un par de segundos, o minutos, antes que después, si vamos a atomizar todo el invento?.. Esa es mi apreciación personal, claro. Luego, como nuestra perspectiva es miope a más no poder, le ponemos a esta deriva la etiqueta de “Evolución”. Una etiqueta, por cierto, civilizada y sesuda para que desaparezca cualquier duda. Y lo digo así, en verso, para parecer menos perverso.

Pero… ¿y si fuera una especie de “Involución”?… A ver, me explico: algo así como aquello de “esta grabación será destruida dentro de…” ¡zas!.. Es que no me cabe en mi cabeza, o en mi lógica, un Dios omnisapiente, omniabarcante y omnitodo, que no haya previsto el desenlace de semejante probabilidad. Veámoslo con perspectiva: todos sabemos que cualquier abono nace de la descomposición de otro algo, o cosa, u organismo existente. Es el principio de entropía universal, al fin y al cabo. De la pudrición nace un hongo, y de ahí a la penicilina solo hay un paso… Hasta aquí, es fácil de entender.

Lo más difícil de encontrar es el propósito de todo esto, y mucho peor con nuestra mentalidad humana, alimentada con las peores y más falsas creencias… Si pensamos en ello, aquí, como en el estudio de Antropología con que empezábamos este artículo, también nos falta un “Eslabón Perdido”. O varios. Y es el nexo de unión entre la teoría de la predestinación y el llamado por conocido “Libre Albedrío”… ¿Qué papel jugamos aquí los que nos hacemos a nosotros mismos a imagen y semejanza de Dios?.. ¿Somos un mero factor que acelera la descomposición de la materia para convertirla en compost de futuras macetas?.. Y si así fuera, ¿para qué leches ser dotados de conciencia de sí mismo y de autoconocimiento?.. ¿Qué puñetas somos, y, en definitiva, para qué c… somos?..

Y si así fuese, como si no fuese, la pregunta del millón: ¿Somos realmente conscientes de que, por nuestra mano, estamos al borde de la destrucción de la naturaleza y de nosotros con ella?.. Porque esta preguntica es importante: si no lo somos, es que somos tontos perdidos; y si lo somos, es porque aún somos más tontos de lo que parecemos. Y hasta aquí, no llego a descifrar la respuesta, que, sin duda alguna, la hay, a pesar de nosotros mismos. Que ya es decir…

Pero, volviendo al principio, y por joder un poco a la marrana, yo digo lo que el paleantropólogo Jean Jaques Hublín: “a fin de cuentas, todos vamos a ser de origen marroquí”… Como se entere de todo este trajín Mohammed VI, le va a sacar las pestañas al Sánchez, y lo digo de paso porque viene a cuento, aún con todo el acento malévolo que me caracteriza… Este “descubrimiento arqueológico sin precedentes sobre los orígenes de la especie humana”, define otro experto y científico “confirma la profundidad de sus raíces africanas, y el papel central del Magreb en las grandes etapas de la evolución humana”… Habremos de archivar toda fiesta de Moros y Cristianos; aquí, todos moros, colega. Lo siento por el montaje que se le da a este potaje.

…Y esa humanidad toda, nacida en África, que se hizo esclava a sí misma de sí misma porque una parte se veía con la piel clara y los ojos azules (nosotros somos mezclilla), y se creían de distinta raza, hoy hemos que tragarnos que tenemos las mismas raíces, mal que les pese a quiénes les pese mal… Otra cosa es la educación de unos y otros, o la mala, o pésima, educación… Y de todo ello, el resultado es esta especie de autodestrucción.

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