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Opinión | NOTICIAS DEL ANTROPOCENO

Recompensas climáticas

Si te portas bien, el Señor Jesucristo te premiará con todo tipo de recompensas. O eso era lo que nos prometían los curas de nuestra infancia. Ojalá fuera tan sencillo. La edad adulta nos alcanza cuando tomamos conciencia de que ocurre más bien todo lo contrario: portarnos bien no nos reporta por sí nada bueno. Pero por una vez, los curas tenían razón. Todo este rodeo —pido mil disculpas— es precisamente para constatar que portarnos bien en la lucha contra el cambio climático y su causa —el calentamiento global por la acumulación en la atmósfera de gases de efecto invernadero— nos ha traído innumerables e inesperados beneficios

Lo obvio es que hemos encontrado fuentes de energías inagotables, insospechadas hace apenas unas décadas. Y no solo no se agotan, sino que son limpias y, lo más chocante, baratas. Como extraer la energía del sol —que lleva produciéndola gratis 4.500 millones de años— mediante placas solares, o la reinventada energía eólica que ya utilizaban nuestros ancestros a una escala mínima. Es un auténtico milagro que, por otra parte, no emitan gases de efecto invernadero y, por tanto, solucionen el principal problema del clima.

Es verdad que las renovables tienen el problema del almacenamiento por su falta de previsibilidad, pero el desarrollo de baterías son otro enorme dividendo colateral. Es verdad que ya se había descubierto una fuente de energía inagotable, barata y estable: la nuclear. Pero han tenido que pasar un par de generaciones para redescubrir su inmensa utilidad y resolver su problema de relaciones públicas.

La mejor señal de que las energías renovables son el futuro —y al menos la cuarta parte del presente— es que a nadie le ha importado un comino esta vez que el segundo Trump haya retirado a su país por segunda vez del Acuerdo de París. La mala noticia para los estadounidenses es que se van a quedar muy atrás en un sector en el que China, Europa y los países del Sur Global marcarán la pauta en los próximos años. Es el problema cuando pones a un anciano nostálgico y estúpido al frente de de tu nación.

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