Opinión | PAN PARA HOY
El Cuatro Rosas
El bar Cuatro Rosas es el motor de la vida nocturna en Torre Pacheco. Lo defienden las barricadas de madera que atraviesan la tasca; su aire irlandés, cálido y algo umbrío, es como encender la chimenea del hogar. Lo regenta Ángel Zapata, purasangre, de esos hosteleros a los que la noche no ha conseguido devorar. Creo que la clave es la correción con que se tratan, como dos boxeadores al inicio de un combate o dos perros que se ladran hasta que les sueltas la correa: no se muerden porque se respetan mutuamente.
Si hablamos del público, hemos de decir que es eminentemente local, lo que hace aún más familiar, pues todos se conocen y no existen miradas por encima del hombro. Es allí donde te das cuenta de que los zagales del 2007 ya tienen 18 años, porque ves a ese primo pequeño —que quizá hasta tenga novia— tomándoselas legalmente, abandonando la sórdida clandestinidad en la que se movería con diecimenos. Tampoco es raro encontrarse a los amigos de tus padres, que te recuerdan lo pequeño que tú eras y lo guapísimo que estás, se interesan por tus estudios, por los achaques de tu abuela, te cuentan anécdotas con tu madre y vuelven a decirte lo guapísimo que estás. A este género conviene tenerlo cerca, porque te demuestra su cariño pagándote una cervecita, a lo que debes acceder haciendo uso de tus buenos modales.
La luna llena saca a los artistas del rincón, quienes, navegando por la espuma de su pinta, se enzarzan a cañonazos dialécticos en este improvisado Café Gijón. Es entonces cuando Hugo Sanmartín se pone existencialista con nosequé filósofo checo y la pesambre de la levedad del ser. Flotando por el aire está mi primo Álvaro, de quien he aprendido casi todo lo divertido que sé y a quien le compensaría convertirse en socio accionista.
Los altavoces son gobernados por el buen gusto de su dueño, conocedor intergeneracional del ritmo de la noche. Conforme avanza la madrugada, va dando a cada uno lo que precisa, como el que echa grano a las gallinas. Hace poco quise pedirle Loquillo, pero era algo pronto. Comenté con su hijo y empleado Pepe Luis mi prurito rockero y coincidió en que había que dejarlo estar por un tiempo. Cuando se esfumó una hora, me torné pedigüeño: «Ángel, ponte una de Loquillo, que sé que te gusta». A los cinco minutos yo también iba camino de ser una rock and roll star.
La antigua Calle del Ritmo, con su Capri y su Bésame Mucho (donde llegaron a actuar grupos como Los Rodríguez), sigue viva, capitaneada por el Cuatro. En su barra, rodeada de ministros, la noche viene a posarse mientras le pongan de beber.
Suscríbete para seguir leyendo
- Roberto Brasero advierte a Murcia de que vivirá días de tormenta y descenso de temperaturas esta semana
- Una mujer secuestrada por su novio escapa tras sufrir casi dos años de palizas y violaciones en una casa de la huerta de Murcia
- Arde el Parque Natural de la Sierra de la Muela y Cabo Tiñoso en Cartagena y obliga a desalojar a más de medio centenar de personas
- El Ayuntamiento de Murcia premia a ocho referentes femeninos en el premio ‘Igualdad es Murcia’
- Una ola siberiana congeló Murcia cuando nadie lo esperaba y dejó récords históricos en febrero de 1956
- La firma mexicana Inmobic y la portuguesa Sonae Sierra comercializarán el centro comercial Santa Ana en Cartagena
- Se estrella con el coche contra una tienda de instrumentos musicales cuando conducía ebrio por Murcia
- Hablan las cabañuelas en Murcia y ponen fecha al frío y a las últimas sacudidas del invierno