Opinión | En el rincón
La deuda pública condiciona el futuro

‘El tren de la deuda pública’, en el que se recoge su evolución y en la etapa de los presidentes del Gobierno. / Banco de España, Infografía Jesús de Covadonga Martínez
El recurso a la deuda pública debe responder a situaciones excepcionales a las que hay que hacer frente necesariamente, pero el uso continuado del endeudamiento para el funcionamiento ordinario de las Administraciones Públicas conlleva un doble problema: aunque parezca que no, la deuda hay que pagarla, al igual que los intereses, en torno a los 40.000 millones de euros al año, a la vez que reduce la capacidad de actuación del Estado a medio y largo plazo.
Una deuda que en estos últimos ocho años ha crecido en 500.000 millones de euros, a pesar del incremento de la recaudación al aumentar la fiscalidad sobre ciudadanos y empresas en torno a 500.000 millones de euros. Al tercer trimestre de 2025, la deuda pública de España es de 1.709.330 millones de euros; en septiembre de 2024 era de 1.637.000 millones de euros, lo que supone un crecimiento de 72.000 millones de euros. La deuda de España supera el total del Producto Interior Bruto.
Una deuda que no solo hipoteca el presente, sino que, ante su enorme crecimiento, condicionará el futuro, a la vez que penaliza a las siguientes generaciones y limitará su capacidad de actuación al tener que asumir como obligación el pago de la deuda que nosotros hemos generado. Deuda que, en gran parte, no corresponde a la realización de infraestructuras para el impulso de la actividad productiva, la educación o la sanidad, sino que en muchos casos es gasto no imprescindible. Ante esta situación, es preciso asumir que, salvo situaciones excepcionales, es absolutamente necesario ajustar los gastos a los ingresos en todas las Administraciones.
El gráfico del tren nos muestra con claridad cómo el peso de la deuda va creciendo y cada vez se hará más pesado, condicionando la capacidad de respuesta en el contexto de dificultades e inseguridades en el que estamos inmersos. El crecimiento de la deuda que se ha producido en cada uno de los mandatos presidenciales hace que al tren le cueste circular cada vez más por la pendiente ascendente en la que nos encontramos, evidenciando la necesidad y la urgencia de parar y reflexionar sobre si tenemos derecho a seguir condicionando a las nuevas generaciones a pagar las deudas que nosotros hemos generado al no haber ajustado los gastos a los ingresos. Creo sinceramente que es preciso reducir drásticamente el endeudamiento.
Por otra parte, es preciso tener presente que en los aspectos financieros la confianza es fundamental. Si continuamos gastando más de lo que ingresamos, seguiremos incrementando la deuda real y esta se hará insostenible, y la desconfianza de los inversores comenzará a ser patente. Hemos de tener presente que la deuda de España está principalmente en fondos de inversión extranjeros; por ello, es preciso reducir el déficit a cero y caminar hacia el superávit para comenzar a reducir la deuda, porque la pérdida de confianza podría conllevar una situación difícil, a pesar de formar parte de la Unión Europea.
Como hemos recogido en los vagones del tren de la deuda, al finalizar el mandato de Felipe González en 1996 la deuda era de 319.976 millones de euros, el 65,40 % del PIB. José María Aznar, a su marcha en el año 2004, deja la deuda en 389.988 millones de euros y reduce el ratio sobre el PIB al 45,30 %. José Luis Rodríguez Zapatero finaliza su mandato en el año 2011 habiendo doblado el total de la deuda, que se sitúa en 743.043 millones de euros, y eleva la deuda al 69,50 % del PIB. Mariano Rajoy deja su cargo el 1 de junio de 2018 y la deuda a esa fecha era de 1.167.000 millones de euros; al finalizar 2018 se sitúa en 1.209.742 millones de euros, alcanzando el 99,80 % del PIB.
Pedro Sánchez, al tercer trimestre de 2025, sitúa la deuda en 1.709.330 millones de euros, lo que supone el 103,20 % del PIB, con un crecimiento insostenible, como refleja el incremento de 80.000 millones de euros en los tres trimestres de 2025 respecto a la deuda de finales de 2024, que ya era de 1.620.573 millones de euros, todo ello a pesar de los continuos incrementos de la fiscalidad, desde la no deflactación del IRPF por las tasas de inflación hasta el aumento continuado de impuestos.
El gobernador del Banco de España, José Luis Escrivá, alertó sobre la preocupante situación de la deuda pública española, que se ha mantenido en torno al 100 % del PIB durante los últimos 15 años. En un acto del Consejo General de Economistas, Escrivá destacó que esta situación no solo resta credibilidad a España, sino que también representa un “elemento de vulnerabilidad” para la economía nacional, indicando que solo tres o cuatro países de Europa presentan deudas superiores y subrayando la necesidad de que España continúe con un proceso de consolidación fiscal para converger con los niveles de deuda promedio europeos.
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