Opinión | El prisma
Con miedo al susto
La desigualdad económica ha crecido mucho más que lo que han aumentado esos famosos "índices macroeconómicos"
Existe la convicción en el mundo económico de que España crece a un nivel inaudito para nuestro país, comparándolo con otros. Desde hace meses se multiplican las publicaciones que señalan el índice de crecimiento como mejor de Europa y casi del mundo. El semanario 'The Economist', oráculo clarividente del liberalismo avanzado, no puede tener en mejor consideración la economía española, a juzgar por lo que publica desde hace meses. Según el índice WELT (Liga Económica Mundial) del día que los magos hacen regalos, el país ha vuelto al número doce global tras superar a México, Corea del Sur y Australia en términos de PIB agregado.
Pedro Sánchez no deja pasar ocasión de recordar lo bien que va "su" macroeconomía. Se empieza a oír que España se está convirtiendo en la locomotora de la economía europea, como antes lo fue Alemania o el eje franco-alemán. Para no aburrir con un cúmulo de datos que corroboran esas apreciaciones, basta con ver que la Bolsa de Madrid repite récords históricos desde hace meses: superó a final de 2025 la barrera de los 17.000 puntos, número significativo si se recuerda que en lo mejor de la burbuja inmobiliaria el "parquet" capitalino aspiraba a mantener los 12.000.
No hay que ser agorero recordando que, entonces, el presidente Zapatero aseguró que el país había superado a Italia a nivel económico… después vino el gran batacazo. O, bueno, la Gran Recesión que tanto retroceso trajo. No solo eso: trajo también gran sufrimiento económico y social para la mayoría excepto para unos pocos. No parece que vayamos a estar en esa tesitura a medio plazo. Aunque es cierto, y en esto merece la pena fijarse, que la desigualdad económica ha crecido mucho más que lo que han aumentado esos famosos "índices macroeconómicos" en los que tanto se regodean los dirigentes, sin parar en mientes que benefician especial y exageradamente a una mínima parte de ciudadanos: los que extraen beneficios directos o indirectos, pero a todas luces sangrantes, de esa bonanza.
Mientras WELT, OCDE, Comisión Europea y otros organismos resaltan a bulto los supuestos logros anteriores, otras organizaciones como Oxfam, Funcas, Fundación Alternativas u Observatorio Social destacan que España es el país más desigual de Europa, solo por detrás de la ejemplarizada Alemania, en riqueza neta de los ciudadanos. Y está en el pelotón de cabeza, en dura competencia con Grecia, Italia y los tres países bálticos exsoviéticos, en desigualdad en renta disponible, según publicó hace meses Carlos Vacas Soriano, director e investigador senior en Eurofound, agencia que estudia las condiciones de vida y trabajo en la UE.
Según él y a diferencia de otros países, en España la desigualdad "va más allá de ciclos económicos y colores políticos". Es decir, es un problema estructural, permanente en el sistema económico estatal. Pues resulta que la actual "locomotora económica europea" está 4,8 puntos por encima del 21% que es la media europea de pobreza y exclusión social: el 25,8%. O sea, unos doce millones de personas. Aún más sangrante: el 30,2% de quienes viven en hogares con menores dependientes está en riesgo de pobreza y exclusión. Dos últimos datos: el 10% más rico posee el 60% del total de riqueza y el 20% en mejor situación ingresa siete veces más que el 20% más pobre.
Dan ganas de llorar cuando, con esos datos, se airean dígitos macroeconómicos que refrendan "el gran momento" español. Aun más en tanto que se percibe que la situación es estable: los índices citados experimentan variaciones mínimas de un año a otro, para mejorar o empeorar. Para lo primero, que es de lo que se trata, no se aprecia en los últimos siete años un empuje decidido y claro para hacer disminuir cuanto antes la amplia brecha que separa a pudientes y empobrecidos en España.
Sorprenden a este respecto las primeras medidas del nuevo alcalde neoyorkino, el socialista y musulmán Mamdani -acciones legales contra fondos buitres, supresión de exenciones de impuestos a universidades privadas o transporte público gratuito general- comparándolas con el guante blanco que los gobernantes socialistas españoles usan para aquel 10% de antes o el otro 20%: no vaya a ser que se asusten.
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