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Opinión | Salud y rock and roll

Vamos hablando

Hemos aceptado que la amistad puede mantenerse viva a base de ‘likes’ en Instagram, mensajes de WhatsApp y la promesa vacía de una quedada que nunca llega

Vamos hablando.

Vamos hablando. / Pinterest

La frase que más he repetido a personas que aprecio para felicitarles el año nuevo: "Tenemos que vernos más". No ha sido fruto de la euforia del momento después de unos vinos, en los que llega la exaltación de la amistad. Ha sido un pensamiento sincero hacia personas a las que no veo todo lo que me gustaría, y con las que me apetece compartir tiempo, una conversación, mesa y mantel con sobremesa larga. Soy la primera que lo va dejando y, cuando te vas a dar cuenta, el tiempo pasa. Pocos días después, a una de las personas a las que le dije la frase, la he encontrado en un tanatorio, el último lugar donde me habría gustado. Los padres de dos amigos nuestros en salas contiguas. La vida vuelve a decir: "Aquí estoy", y la muerte también. Sé que no podemos vivir pensando que el tiempo que se va no vuelve, sería demasiado intenso, pero estoy convencida de que podemos poner de nuestra parte y cambiar las cosas.

La vida tiene esa ironía cruel de recordarnos la importancia de la sobremesa a través de la pérdida. Encontrarse en un tanatorio con alguien a quien hace poco le has dicho "tenemos que vernos más" es el bofetón de realidad que nos saca de la rutina. Nos recuerda que «luego» es un lugar que a veces no existe. Hace una semana me levantaba a las 5 de la mañana para iniciar un periplo por cercanías y trenes de alta velocidad para comer en Valencia con un gran amigo, ida y vuelta en el día. Por si no había comido suficiente en estas fiestas, el remate antes de Reyes fueron las mejores albóndigas de vaca vieja con salsa de tomate que probé en mi vida. Y un bocado de steak tartar sobre patata cocida de llorar. Regado con vino francés, mitad sirah, mitad garnacha, realmente rico. Creo que no hay nada como regalarse pasar tiempo con la gente que aprecias, compartir mesa y mantel, ponerte al día. Pedir opinión sobre asuntos de nuestra vida que nos preocupan, o simplemente porque queremos compartir con esa persona. El tiempo y la importancia de con quién pasarlo. Dejemos de autoengañarnos. Para quien realmente nos quiere o a quien queremos y forma parte de nuestra vida; sacamos tiempo, compartimos mesa y mantel, sobremesas, tanatorios y lo que haga falta. No anulamos los planes, ni nos decimos por mensaje o al despedirnos la frase que más odio del mundo: "Vamos hablando". ¿Qué es eso? ¿Quién inventó semejante engaño? Es la frase comodín, el cajón desastre de la vaguería social, el certificado de defunción de una intención que nunca tuvo vocación de ser. "Vamos hablando" significa, en el 99% de los casos, "ya te llamaré" (si me acuerdo, si me apetece y si los astros se alinean).

Dicen "vamos hablando" para evitar la incomodidad de decir la verdad: "No tengo el menor interés en quedar contigo, pero soy demasiado cobarde para admitirlo". La frase da un salvoconducto moral: "La intención estaba ahí". Se queda flotando en el limbo de las buenas intenciones, ese lugar donde el "tenemos que vernos más" se encuentra con el infame "te pego un toque". Hemos normalizado la ausencia. Hemos aceptado que la amistad puede mantenerse viva a base de ‘likes’ en Instagram, mensajes de WhatsApp y la promesa vacía de una quedada que nunca llega. Pero la amistad, la de verdad, la que nutre el alma y da sentido a las sobremesas largas, requiere presencia física, contacto visual, el sonido de la risa compartida en el mismo espacio y tiempo. Fuera caretas, propongo que si no quieres quedar, no digas: "Vamos hablando". Y si quieres, pon fecha y hora, a ser posible, sin hora de fin (las sobremesas largas son sagradas). El tiempo es el único recurso no renovable que tenemos. Si realmente quieres a alguien, vas a buscarlo, mira Trump a Maduro. No le dices: "Vamos hablando". Vas y lo buscas. Y te sientas a una mesa y te regalas la vida. Dejemos de autoengañarnos y veámonos más, pero de verdad.

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