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Opinión | Cartagena D.F.

Reiniciando

Soy de los que prefieren ver el vaso medio lleno, por mucho que las corrientes nos arrastren hacia el estallido apocalíptico del vidrio y corramos el riesgo de que todo se desparrame

Trump

Trump

Cualquier día del año es propicio para reiniciarse, pero la Nochevieja está considerada por muchos como la fecha idónea para analizar nuestros sistemas de vida, eliminar fallos y actualizarlo todo con el fin de salir de posibles bloqueos y arrancar de nuevo. A veces, incluso conviene formatearlo todo y empezar de cero. Ya saben: año nuevo, vida nueva.

Por desgracia, el panorama actual apenas acompaña y nos sitúa frente a coyunturas negativas. Tiempo tendremos de comprobar las consecuencias para nuestras rutinas y nuestros bolsillos, pero resulta inevitable mostrarse ajeno e indiferente ante tanto despropósito. Entre ataques, invasiones y amenazas, se antoja más cuesta arriba afrontar cualquier buen propósito. ¿De qué sirve perder unos kilos, hacer flexiones y abdominales o aprender inglés cuando a nuestros hijos les hablan del germen de una tercera guerra mundial y hasta del fin del mundo por los escasos huecos vacíos que quedan en una iglesia de Roma que alberga los retratos de todos los papas desde San Pedro?

Soy de los que prefieren ver el vaso medio lleno, por mucho que las corrientes nos arrastren hacia el estallido apocalíptico del vidrio y corramos el riesgo de que todo se desparrame. Así que, por si acaso, he retomado mis caminatas; que le pregunten a mis agujetas y a las ampollas en las plantas de los pies. ¡Qué fácil sería agarrarse a esas excusas para tomarse un descanso! De eso nada; al amanecer, como un clavo, a seguir haciendo camino, que pararse solo conduce al bloqueo y el siguiente paso puede ser la tragedia. ¿O acaso nunca han perdido un trabajo culminado o un archivo importante cuando su ordenador o su móvil han dicho hasta aquí y la única opción ha sido reiniciarlo? ¿Lamentarse? Sí. ¿Clamar al cielo? Por supuesto. Hasta se permite llorar, pero solo un instante. Después, toca levantar la cabeza, darle al ‘on’ y proceder con nuevos bríos. Corresponder a eso que nos dicen de que toda crisis ofrece una nueva oportunidad para reinventarse, para renacer.

Por mucho que los helicópteros de Trump se entrometieran en la digestión de los buenos deseos con los que nos zampamos las doce uvas; por mucho que a miles de los venezolanos se les atragantara el fruto de la vid o lo que quiera que se tomen durante tantos lustros del chavismo y sus secuaces; por mucho que haya líderes que se disfracen de falsos profetas salvadores hasta de nosotros mismos, cuando su único propósito es someternos, nada está perdido. Y sí, tienen razón quienes proclaman que la historia es cíclica y tenemos que lidiar una y otra vez con sabelotodos endiosados que se apropian de nuestras voluntades y recursos, hasta de nuestras vidas y las de nuestros congéneres, pero ya he reiterado alguna vez que es falso aquello de que cualquier tiempo pasado fue mejor y, si bien atravesamos épocas en las que retrocedemos, son más los pasos acumulados hacia adelante, dados por tantos valientes anónimos y otros ensalzados como héroes que han sido conscientes de que la libertad requiere de una conquista diaria en la que jamás hay que darse por vencido.

Quizá nos hayan tocado unos años en los que nos ha salido cruz y pensemos que poco o nada podemos hacer ante el gris escenario que nos dibujan los diarios, repletos de conflictos, corrupciones, abusos y malas noticias en general, pero seríamos ingenuos si optáramos por mirar hacia otro lado, como si nada de todo esto fuera con nosotros, más allá de unos cuantos euros (cada vez más) al llenar el depósito y el estómago.

Podemos ser meros espectadores y contemplar cómo los buitres saborean la carroña o sumarnos a los esfuerzos de aquellos que se acercan con miedo, pero con determinación, para espantarlos.

Por aquí, parecemos alejados de las bombas, pero tenemos nuestras crisis particulares. La muerte lenta y anunciada de Sabic seguro que ha dejado o dejará a algún familiar o amigo suyo como víctima de una guerra incruenta, pero con la misma base y motivación que la de aquellos que nos imponen sus propósitos de poder y riqueza solo para ellos, unas metas tan viejas y recurrentes como las de leer más o hacer nás buenas obras que ayuden a los demás, aunque tal vez esa sería la primera que deberían marcarse los Trump, los Putin y los Maduro que ignoran que lo único que deseamos es lo que cantaba Jarcha: «Pan y la fiesta en paz»; el estribillo se lo dejo a ustedes.

Así que voy a hacer dos cosas: someter a mis ampollas y agujetas para subir mañana al monte y, una vez en la cima, llamar a mi amigo de Sabic para preguntarle cómo puedo ayudarle a luchar contra los buitres y los fantasmas que no solo nos llevan al bloqueo, sino que pretenden dejarnos sin el botón de reinicio.

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