Opinión | Tribuna libre
Luis Gestoso de Miguel
El nuevo autobús atómico
El mal llamado «tranvibús» del Ayuntamiento de Murcia es otra estafa más a los ciudadanos por parte de quienes gobiernan el Consistorio,

Un tranvibús circulando por Murcia / Juan Carlos Caval
En el año 1977 del pasado milenio, siendo apenas adolescente, fui a ver al desaparecido cine Gran Vía de Murcia (que curiosamente no estaba en la Gran Vía), en una de aquellas tardes baratas de sesión continua, una comedia americana de catástrofes llamada El autobús atómico. Me pareció entonces bastante mala, aunque divertida. La diversión, naturalmente, no se debía al trabajo de los actores o lo afinado del guión, no. La comicidad delirante, o ridiculez, de la película venía exclusivamente de lo anacrónica, lo viejuna que resultaba ya para el público de entonces, en los pretecnológicos 70. Vieja incluso para los que éramos niños en aquella época, que no habíamos perdido el sentido de la maravilla, propia del mundo antiguo, y a los que nos sorprendía cualquier cosa por cutre que fuese. Una película disparatada sobre un autobús gigante de 75 toneladas, 32 ruedas ‘de to por to’, por decirlo a la manera murciana, y obviamente con un acordeón o fuelle central que servía, durante la peli, para no caer por un precipicio.
¡Un autobús gusano! ¿Les suena, verdad? El autobús gusano en España, de los que circulaban por entonces, era ya anacrónico a finales de los 70 en las grandes ciudades, de ahí las risas, de ahí la comicidad. Incrementadas, esas carcajadas, por el hecho de que el bus estuviese propulsado por energía atómica «verde» y contase con bolera, piscina o un bar con pianista. Es decir, un autobús gusano tuneado y mejorado, que es aproximadamente, aunque a un nivel más barato, lo que hoy el Ayuntamiento de Murcia trata de colar con la supuestamente moderna, aunque falsa, denominación de «tranvibús». El gusano murciano de última generación es al menos lo mismo de ecológico que el anacrónico autobús atómico, aún no cuenta con servicio de piscina, bolera o bar con pianista (aunque todo podría andarse con este Ayuntamiento con una tendencia irreprimible a la verbena perpetua, no hay que darle ideas), pero ese tranvibús ya es igual de viejuno ahora que lo era, hace 50 años, el superautobús atómico-ecológico que salía en aquella amarillenta comedia catastrófica.
Los gigantescos autobuses gusano normales, los no propulsados por energía verde, sea esta atómica o eléctrica, se empezaron a ver en las grandes ciudades españolas como Barcelona en los años 60. No tenían piscina, pero sí a un cobrador vestido de gris en una cabina de cristal. Pocos años más tarde los gusanos ya se veían anticuados y poco prácticos, ocupaban toda la calle y la conducción era complicada incluso en ciudades de calles anchas y bien diseñadas como la propia Barcelona. Los fueron retirando a los museos o a los desguaces y para el nuevo milenio ya no quedaba ninguno. Cuando en España los retiraban de las ciudades grandes, Murcia, la tenida por séptima ciudad del país, todavía conservaba fuera de época sus gusanos, de maniobrabilidad imposible en los angostos carriles de la huerta. Pero también en Murcia llegaron a considerarse prehistóricos y que su época había pasado.
Ahora el Gobierno del PP en el Ayuntamiento de Murcia los devuelve de la tumba y, para que cuele como cosa de último grito, los llama falsamente «tranvibús». El tranvibús de verdad, que no deja de ser un tipo de autobús más pasado que el «twist», circula por carriles exclusivos, no compartidos con autobuses urbanos normales, para acortar tiempos de viaje.
Pero es que el mal llamado «tranvibús» del Ayuntamiento de Murcia es otra estafa más a los ciudadanos por parte de quienes gobiernan el Consistorio, para no tener que trabajar en poner de verdad el tranvía que aseguraron que haría: es un autobús urbano más, lento, muy difícilmente maniobrable, atorado junto a los otros buses urbanos que se juntan en destartaladas bandadas atascando todavía más los puntos críticos del municipio e invadiendo hasta los pasos de cebra.
El Gobierno del PP en el Ayuntamiento de Murcia, siempre tan atento a los avances de los tiempos y poco después de descubrir que en otras ciudades hace muchas décadas que se puede pagar el autobús con tarjeta, nos pone ahora como un logro futurista para solucionar los problemas de movilidad que ellos mismos han causado un autobús urbano gusano de los de toda la vida. Propio de tiempos en blanco y negro, con su acordeón, su paquidérmica conducción por las estrechas calles murcianas y y las risas que provoca cuando lo tratan de hacer pasar por un tranvía de verdad. Y sus luces ‘led’, también ecosostenibles.
Casi 20 minutos tarda el bólido en llegar desde el centro de Murcia a la cercana El Palmar. Como para una prisa.
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