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Opinión | Misa de doce

Diego

A los lectores más veteranos seguro que les suena este eslogan que, a menudo, iba precedido por un silbido producido por una especie de flauta o pito llamado chiflo y que era usado para anunciar la llegada del afilador. Desgraciadamente el afilador, como otros muchos oficios artesanos, ha ido desapareciendo hasta prácticamente su extinción.

No obstante me consta que el pasado lunes algún que otro teléfono de la Glorieta echaba humo en busca de afiladores con los que afilar sus cuchillos, navajas y demás artículos cortantes para cortarle la cabeza, metafóricamente hablando no me sean mal pensados, al concejal de Cultura del Ayuntamiento de Murcia, Diego Avilés.

Todo por la negativa de este a adelantar o retrasar la cabalgata de Reyes Magos y su empecinamiento en mantenerla, en tiempo y forma, el día 5 pese a las inclemencias meteorológicas previstas para ese día como consecuencia de la borrasca Francis.

El día de autos, el consistorio murciano, atendiendo a la previsión de la AEMET que abría una ventana con claros desde las 16:30 horas, decidió adelantar el inicio de la cabalgata a esa hora en lugar de suspenderla, provocando de este modo la ira de una turba de indignados que empezaron a vomitar odio y un sinfín de insultos y acusaciones infundadas en redes sociales que resbalaban sobre el paraguas del concejal de Cultura.

Además, durante el transcurso de la cabalgata, si paseabas por las inmediaciones del Ayuntamiento, de fondo, entremezclada con los gritos de la muchedumbre que disfrutaba del desfile, podía escucharse de fondo una cancioncilla infantil cantada a coro por algún que otro malintencionado deseoso de invocar la lluvia para provocar la suspensión del cortejo y, de este modo, pedir la dimisión del concejal, que rezaba así: «Que llueva, que llueva, la Virgen de la Cueva. Los pajaritos cantan, las nubes se levantan. Que sí, que no, que caiga un chaparrón».

Reconozco que no puedo ser del todo objetivo, es mi mejor amigo y lo quiero como a un hermano, cuando escribo sobre Diego Avilés. No puedo, y me duele, permanecer impasible y que sea motivo de escarnio por parte de una panda de acomplejados que solo se atreven a difamar y escupir veneno escondidos tras un pseudónimo cobarde en sus redes sociales.

Y esto, de alguna manera, es lo que nos está desangrando como sociedad, la cobardía; una cobardía que crece y se alimenta refugiada en el anonimato. Pero el mundo, afortunadamente, es de los valientes y de aquellos capaces de asumir riesgos y tomar decisiones en situaciones límites y complicadas, y Diego, vaya si lo es, forma parte de ellos.

Diego es uno de esos valientes y desde el primer momento tuvo claro que Murcia no merecía una cabalgata atemporal y descafeinada que desilusionara a los niños murcianos. Supongo que a muchos se les atragantó el roscón el día de Reyes porque la Gran Cabalgata de SS MM los Reyes Magos completó su recorrido de manera majestuosa, sin mojarse.

Muchos dirán que fue fortuna pero no, como dice la canción «Ser valiente no es solo cuestión de suerte». La suerte llega con trabajo, preparación, actitud y, sobre todo, sabiendo escuchar. Y Diego posee de sobra todas estas cualidades.

Para Diego, Murcia es su esencia, su universo y trabajar por mejorarla, su prioridad. Con estos valores, nada puede salir mal. Enhorabuena, hermano, te quiero.

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