Opinión | mamá está que se sale
elena pajares
Balance de lo bueno y malo
Me resulta imposible pensar en el cambio de año sin que suene en mi cabeza la canción de Mecano. Y aunque no soy muy de hacer recuento, más allá del balance de lo bueno y malo que dice la canción, es verdad que el comienzo de año tiene algo de solemne que invita a la reflexión.
Hace años que soy fan de Enrique Rojas, mucho antes de que su hija se viralizara, porque explicaba conceptos muy abstractos con ejemplos muy claros. En vez de escuchar a un psiquiatra, parecía que hablara un arquitecto, explicando el funcionamiento de la mente y de las emociones como el que habla de las distintas funciones de las vigas o las columnas que sostienen un edificio, su relación entre ellas, qué pueden sostener, qué necesitan para conservarse en un estado razonable, y qué es lo que hace que se rompan.
Cuando cambia el año, aunque del treinta y uno de diciembre al uno de enero sólo pase un día, lo cierto es que es una ocasión estupenda para hacer un balance vital. Sin dramas. tampoco se trata de azotarse, porque de lo que se trata es de despertar, de romper la inercia de un día detrás de otro. Poner el contador a cero con la mente en objetivos concretos hará que el año tenga un horizonte muy atractivo hacia el que ir.
Los objetivos concretos son la clave para avanzar. No basta con querer ponerse en forma, sino en hacer flexiones o en caminar una hora al día. Eso nos hará cumplir nuestra meta, más abstracta y más general. Además, los objetivos concretos son la brújula de la dirección correcta. Por otra parte, los fracasos, lejos de serlo, son la clara lectura de las salidas de la vía. El camino por el que no hay que seguir.
Entonces, nuestro balance será el equilibrio entre las metas conseguidas, gracias a nuestros logros concretos, frente a los objetivos pendientes de esas otras metas que aún se nos resisten.
En tiempos donde parece obligatorio demostrar éxito inmediato, conviene recordar que avanzar también es permanecer, resistir, aprender a no romperse.
Lo bueno de que un año termine y de que empiece otro es precisamente eso: la vida nunca se termina, siempre estamos en proceso de aprendizaje y de perfeccionamiento. Siempre estamos a tiempo de hacer balance y de plantearnos nuevos objetivos.
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