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Opinión | El blog del funcionario

PP o Vox: ¿qué fue antes, el huevo o la gallina?

Feijóo y Abascal, charlando en el patio del Congreso.

Feijóo y Abascal, charlando en el patio del Congreso. / Borja Sánchez-Trillo

Llevo tiempo preguntándome si Vox es una escisión del PP, como dicen algunos analistas, o el actual PP fue un alumno aventajado de Vox.

Si uno rescata de los libros de historia los primeros pasos del Partido Popular, si busca y rebusca en su árbol genealógico, en sus genes aparecen personajes que hoy no solo estarían mucho más cómodos en Vox que en el propio PP, sino que serían miembros de su Junta Directiva Nacional.

Los denominados ‘Siete Magníficos’ (Manuel Fraga Iribarne, Cruz Martínez Esteruelas, Federico Silva Muñoz, Licinio de la Fuente, Laureano López Rodó, Enrique Thomas de Carranza y Gonzalo Fernández de la Mora), todos ellos exministros de Franco, salvo el entonces líder de Unión Social, el exdirector general de Cultura entre el 60 y el 72, Thomas de Carranza, tenían como objetivo principal, como se recoge en su fundación: «Aglutinar las distintas familias del régimen franquista en una sola opción política».

A finales de enero se cumplirán 37 años de aquel congreso en el que Alianza Popular decidió refundarse en el actual PP, y es que algunos ‘alumnos aventajados’ se dieron cuenta del peligro de seguir siendo los herederos directos del franquismo, y allí aparecieron los Aznar, Álvarez Cascos, Rodrigo Rato y compañía, eso sí, su presidente de honor seguía siendo don Manuel Fraga Iribarne, padre político del actual líder gallego Alberto Núñez Feijóo, que como diría el entonces icono de las ondas deportivas, José María García: « ¡Ojo al dato!»

Durante los siguientes años, el PP se había convertido en el gran autobús del centro derecha, tanto que su alto suelo electoral (unos ocho millones de votos) era su gran fortaleza. Aznar fue capaz de aglutinar a las nuevas generaciones con las ‘viejas’ glorias, pero cuando se paró el autobús para cambiar de conductor, M. Rajoy se sentó al volante, y muchos aprovecharon para bajarse del mismo con el objetivo de fletar su propio medio de transporte.

Más de treinta años después, los que lo llaman una «escisión del PP» reivindican aquel acta fundacional de Alianza Popular, y no se esconden, al contrario, se sienten orgullosos de lo mismo que aquellos siete magníficos, es decir, recuperar y rescatar aquella España «una, grande y libre».

No, Vox no es una escisión o un puñado de descontentos del PP; Vox es la propia esencia del franquismo. No olvidemos que España fue el único país de la vieja Europa donde el nacional-catolicismo no solo triunfó, sino que echó raíces largas y profundas, tanto que muchos españoles llevan en su ADN la dictadura franquista, los mismos que se le ponen los pelos como escarpias al oír hablar de República, y es que 40 años de dictadura son demasiados.

Aquel sueño húmedo de don Manuel Fraga Iribarne está cada vez más cerca de cumplirse, y ver a Feijóo (su hijo político) entrar a la Moncloa custodiado por la Guardia Pretoriana del franquismo, parece que es cuestión de uno o como mucho dos años.

Los Reyes Magos no existen, que este año a Pedro Sánchez le hayan traído carbón, a Santiago Abascal un caballo que lo ha bautizado con el nombre de Babieca 2.0 y a Feijóo una citación en el juzgado de Catarroja no significa nada.

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