Opinión | Mujeres interesantes
María Martínez
Pepa, la payasa de la Arrixaca

Pepa Astillero, directora de PupaClown y payasa de hospital / Ana Martín
Pepa Astillero Fuentes, jovialmente madura, es payasa especial, inconfundible e incomparable. Persona admirable, preside y gestiona la Fundación Pupaclow y la Asociación Pupaclow de la Federación de Payasos de Hospital. Desde 2010 dirige el Centro escénico en el Ranero para niños y jóvenes con discapacidades. Felizmente casada, vive en la huerta con sus perras Mapa y Bimba. Genéticamente alegre, con infancia feliz de siete hermanos.
Nacida en Extremadura, se siente murciana y le encanta salir de tapas con amigos. Pronto supo que quiso ser artista del humor. Reinventada con nariz roja y corbata colorista ha visitado durante 27 años a los niños con pupas de cáncer duras y duraderas ingresados en la Arrixaca. Desarrolló en 1998 la idea brindada por Miguel Ángel Gutiérrez, jefe entonces de Pediatría de ese hospital. El propósito: hacer reír en el dolor, en un espacio hospitalario adaptado con luz, color y especial personal cualificado para que la estancia de estas inocentes personitas fuese más llevadera: los pequeños no comprenden qué les pasa, cómo de pronto todo les cambia, aunque sean conscientes sin serlo del todo. Su mundo mágico, el de la infancia luminosa, se eclipsa. Y padres y personal clínico hacen lo imposible para mitigar el estado físico y anímico de estos niños. Hay que mantenerles la esperanza de la curación, aun cuando no siempre sea posible.
Y entonces aparecía la payasa Pepa y su equipo con alborozo y alegría (aunque el alma llorara) y conseguía que los niños sonrieran, pese a todo, e interactuaran con juegos personalizados, canciones, cuentos y magia, y mucha improvisación adaptada al gusto y estado de cada menor.
¿Cuánto vale la sonrisa de un niño, y mucho más aún la de un niño enfermo? Solo puede medirse en capacidad entrega y sensibilidad especial de quienes como Pepa y Pupaclow son capaces de conseguirla. Psicológicamente se preparan para «trabajar desde el alma del niño», porque no tienen varita mágica para curarles. A Pepa le gusta el rosa y los colores, porque es genéticamente alegre, aunque le enfada la crispación política y no puede evitar ser perfeccionista. Ríe y sonríe a diario, aunque llora con alguna película. La pasión por su trabajo la representa la nariz roja que equivale a la sonrisa de esos niños, esa que siquiera por un rato le ha sido devuelta por la magia de esta payasa admirable.
Estos payasos de hospital son acompañantes, seres de esperanza y vida. Narices rojas para los niños que la pupa les ha interrumpido la vida. ¡Qué no se daría por la sonrisa de estos niños! La payasa sigue sonriendo a la esperanza infantil: ¡qué grandeza tienes, PEPACLOW! Eres, sois, unos auténticos Reyes Magos.
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