Opinión | La Feliz Gobernación
Sánchez dimitirá un lunes

Una ilustración con un hombre haciéndose una selfie al borde de un precipicio. / Leonard Beard
La última novela de Manuel Moyano (magnífica, como saben quienes la han leído) lleva por título El mundo acabará en viernes, una profecía que de no cumplirse en términos nadie quedará para reprochársela. Es más arriesgado predecir que Pedro Sánchez dimitirá un lunes, no tanto por la posibilidad del día de la semana como por el hecho de que el suceso pudiera ocurrir. Pero el índice de probabilidad es muy alto, y ya existe un antecedente: tras la debacle del PSOE en el domingo electoral de las autonómicas y municipales de 2023, Sánchez convocó las generales como modo de responder a unas responsabilidades que, de no reaccionar con ese gesto, le habrían creado dificultades internas, pues quedaba claro que en buena parte aquellas derrotas venían impulsadas por el inicio de su descrédito, y eso que todavía no había empezado el chaparrón y Sánchez aún se parecía al PSOE.
Una frase tremenda
La única frase con que Sánchez ha respondido al hundimiento socialista en Extremadura, pronunciada para los suyos, ha sido: «El voto volverá en las generales». Unas palabras terribles para las baronías socialistas, pues de ellas se desprende que el líder nacional pasa por alto que antes de las generales, que sitúa en su fecha ordinaria de 2027, hay que soportar las autonómicas de Aragón, de Castilla y León y de Andalucía. Y que respecto a ellas guarda pocas esperanzas de recuperación, de modo que sus candidatos correrían el mismo destino que el Gallardo extremeño. Con esa proyección convierte a los presidenciables socialistas, nombrados a dedo, es decir, sumisos sea cual sea su destino, en corderos sacrificiales en sus territorios a la espera de un bien superior, que él mismo encarna.
No es la mejor optimización augurar que «el voto volverá en las generales» cuando en el trayecto hacia ellas hay tres elecciones sustantivas en las autonomías. Por esto sorprende que la militancia socialista acepte con tanta pasividad un destino tan predeterminado por quien ejerce el liderazgo, que parece no tener otra estrategia que su propia supervivencia a costa de la devaluación de las expectativas de otros compañeros.
Apalancar el partido
La próxima parada, Aragón, puede significar el segundo tropiezo, en el que el lema «que viene Vox» se muestre menos eficaz que el que, en la práctica, ha funcionado en Extremadura: «Que no se quede Sánchez». Todo hace prever que el lunes siguiente al domingo electoral del próximo febrero, el Preysler de la Moncloa, como así se ha bautizado en TikTok, no podrá escurrir el bulto, pues a diferencia de Extremadura, la apuesta por Pilar Alegría ha salido del dedo índice de su mano derecha, contraviniendo la tendencia mayoritaria en el partido aragonés. Este tipo de gestos, como el nombramiento para su Gobierno de la rival interna de García-Page en Castilla-La Mancha, Milagros Tolón, abundan en la impresión de que Sánchez antepone amarrar el partido para sí a su éxito electoral en las periferias.
Y ahora, otra vez los Presupuestos
En Murcia, Fernando López Miras se propone sin mucha fe aprobar los Presupuestos de 2026 o de cumplir con el trámite de presentarlos a sabiendas de que esta vez Vox no estará previsiblemente por la labor de abstenerse. Tan poca fe que su Gobierno ha manifestado de manera anticipada su intención de prorrogar los de 2025. Las demandas que Vox plantea en Extremadura a Guardiola para facilitarle la investidura parecen calcadas de las que los de Antelo exigieron al presidente murciano para que se aprobara el último Presupuesto, de modo que en la Región de Murcia el ‘programa máximo’ de Vox estaría culminado en esta fase.
¿Cómo podrían los abascales condicionar al PP en el actual envite? Tal vez, para incordiar un poco, pidiéndole la presidencia de la Asamblea Regional, como plantean en Extremadura, una demanda que en Murcia desestimaron para la investidura de López Miras.
Da la impresión, sin embargo, que la posibilidad de nuevos acuerdos PP/Vox llegó a su fin con los Presupuestos de 2025 y que Abascal (otro que solo piensa en sus intereses para el ámbito nacional) no quiere ya más compromisos institucionales con su partido rival en la derecha más que en aquellos lugares, como Extremadura, en los que se inicia un segundo ciclo político que supera el de 2023.
¿Y por qué no elecciones anticipadas?
En caso de que los Presupuestos murcianos hayan de ser prorrogados ¿qué alternativa propondría el PSOE? Buena pregunta. Lo lógico sería pedir elecciones autonómicas anticipadas, como ha ocurrido en Extremadura y Aragón y como antes en Cataluña, algo común en democracia: si un Gobierno ve rechazado su principal proyecto anual, se somete a las urnas, y a otra cosa, mariposa. Pero los socialistas no pueden recurrir con coherencia a tal canon, por varias razones. La primera es que su líder nacional no constituye el paradigma de ese cumplimiento, constitucional por otra parte, pues arrastra varios ejercicios con los presupuestos prorrogados, y todavía no ha presentado los que anunció para este año. Y es más: ha presumido de que seguiría gobernando si el Parlamento, como hará, los rechaza.
Pero hay, como digo, más razones. Una convocatoria electoral en Murcia significaría otra piedra en el camino de Sánchez, pues según encuestas coincidentes, el PSOE podría pasar a tercera fuerza política, de manera que no sería una buena estrategia solicitar la cicuta para la propia inmolación añadiendo otro lunes fatídico a la escaleta de una programación de previsibles derrotas. En esto cooincidirían los intereses de Sánchez (no más elecciones intermedias) y del líder regional Francisco Lucas (dar hilo a la cometa a la espera de una recuperación por desgaste del PP).
Sin futuro
A pesar de esto ¿qué futuro se encomienda al partido en las autonomías? La irrelevancia y la quema de líderes predeterminados desde el poder central, quienes a su vez cortan las alas a posibles alternativas para el repuesto en caso de siniestro total.
El sanchismo a ultranza de la federación murciana, por ejemplo, no deja preparada a la organización para los ‘lunes negros’ que podrían llevarse por delante al líder nacional, quien tras recurrir a los mecanismos democráticos para convertirse en tal ha acabado aplastándolos para asegurar el cerramiento de su partido en torno a él.
Ni siquiera en las elecciones primarias a la secretaría general se escenificó una alternativa al sanchismo, pues los dos candidatos se remitían a él. No hay, pues, en el espectro socialista murciano, alguien que pudiera recoger la bandera del suelo en caso de que Sánchez sucumba en los venideros percances electorales.
Hasta la derrota final
Pero no hará falta que Murcia se incorpore al proceso de huida de votos socialistas o de su abstención en unas elecciones anticipadas, porque ya está suficientemente empedrado el camino a las generales del 27.
¿Aguantará en modo silente un partido con vocación ganadora la sucesión de lunes dramáticos a la espera de un futuro domingo glorioso para Sánchez? «Los votos volverán en las generales» es una prescripción derrotista sobre el desarrollo de la trama que no explica el giro de guion que se produciría en ellas.
Y menos porque la mayoría de PP/Vox, gracias al crecimiento del segundo, completarían el arco necesario para la mayoría de derechas, y aun no siendo así, el principal aliado por la izquierda con que cuenta el PSOE no parece suplir la posible decadencia de la resistencia sanchista, sino que más bien se desmorona, también contaminado en su seguidismo.
El llamado Gobierno de coalición progresista no es tal, pues precisa de la aprobación parlamentaria de cuñas de la derecha, incluido algún grupo de ultraderecha, como Junts, que compite electoralmente con los ultraindependentistas de Aliança Catalana.
Difícil hacer política progresista sin la aprobación de los socios de derechas. Si hasta ahora este aspecto se ha disimulado es porque se ha ido produciendo un intercambio con las concesiones al independentismo.
La sustitución de la política parlamentaria por la ‘acción de Gobierno’, que parece configurarse como el camino a seguir, es de dudosa calidad democrática, así como de un didactismo nefasto. Los antecedentes implantados por Sánchez para burlar trámites democráticos, desautorizar a instituciones del Estado, utilizar resortes judiciales y manipular los medios de comunicación públicos se volverán contra los socialistas (y contra los ciudadanos) si la derecha, cuando gobierne, mantiene esa manera de actuar una vez ha sido naturalizada por el sanchismo.
En 2023, Sánchez respondió a la derrota electoral en las autonómicas con un inmediato adelanto electoral, sumergiendo así cualquier atisbo de brote crítico. ¿Qué réplica tiene preparada para una segunda ronda, ésta espaciada, de nuevos previsibles fracasos? «El voto volverá en las generales» emula, con ironía involuntaria, el dicho «de victoria en victoria hasta la derrota final». Y los lunes, sin sol.
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