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Opinión | Achopijo

El Parlamento Bar

El Parlamento Bar cerrado hace poco.

El Parlamento Bar cerrado hace poco. / L.O.

Los últimos meses de El Parlamento Bar han sido una lección de vida y tiempo. No sabemos qué pasará con sus míticas paredes de madera, sus preciosas fotografías icónicas neoyorquinas y su secreto de copas heladas con olor a limón. Cuando Juan Antonio y Pedro empezaron a dar síntomas de que ellos no eran eternos, aunque lo sean, la vida del mejor bar del mundo se hizo presente en la nuestras. Todo tiene un final, El Parlamento Bar, también.

Cosida a sus pajaritas y a esa elegancia extrema para servir el gin tonic robado de la mismísima caverna de Platón, la vida de El Parlamento Bar ha estado muchos meses buscando un imposible. Cómo somos los humanos... El Parlamento ha estado buscando una brecha en el espacio tiempo en la que desdoblarse y encontrar al menos otros 50 años más de esencia que bombea la sangre de la ciudad. Creímos en ello, muchos parlamentaristas de toda especie y condición, nos dejamos llevar por esa sensación de hogar, como si no pudiéramos pensar que siempre íbamos a tener El Parlamento.

Pero era un imposible. No hay un Juan Antonio y un Pedro que en 2026 regresen del tiempo para perpetuar lo que todos hemos conocido como El Parlamento, amigos. Porque El Parlamento no era si no ellos mismos. Así que en las lágrimas de Pedro y en el brillo de los ojos de Juan Antonio, en sus abrazos intensos 30 y 31 de diciembre estaba todo lo que ha sido El Parlamento. Más allá de su moqueta, su barra de madera y su hilo musical con grandes éxitos de la música, sus copas perfectas, del café irlandés más sabroso de la historia y todas las teorías sobre la vida y la muerte que allí dentro se han firmado, más allá de todo lo que nos vuelve a dar en el alma es el paso del tiempo.

Nos quedamos con las vivencias y los cientos de momentos, con Juan Antonio y Pedro. Con Pedro y Juan Antonio. Y lo que sea que haya allí, ya que ellos no están, podrá recordar a El Parlamento, que ya es eterno, pero solo será una sombra de lo que vivimos. Alegoría de vida. No se puede traspasar el alma de las personas. Y menos la del mejor bar del mundo. Gracias por tanto. Vale.

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