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Opinión | EL MAPA Y EL TERRITORIO

Mi retiro en el Centro Antiaging El Valle (y II) Relato navideño sobre lo que cuesta no envejecer

Relato navideño sobre lo que cuesta no envejecer

Relato navideño sobre lo que cuesta no envejecer / L.O.

Empiezo a notar los efectos de la molécula PCC1 (proantocianidina C1). Mi piel está mucho más tersa y jugosa y las arrugas del triángulo de la tristeza apenas son visibles. Noto mi cuerpo más fuerte y ligero, incluso mi mente está más despierta, aunque no consigo quitarme de la cabeza la conversación con Francisca —«Paca, para los amigos»— de la noche anterior: «¿A quién le importan las patas de gallo cuando sus órganos comienzan a fallar?».

Hoy nos dan para comer brócoli con tofu. El resto del día, ayuno. Al llegar al comedor, Paca me agarra del brazo y me arrastra a un rincón:

—¡Chss! —me dice al oído—, he pillado turrón de chocolate Suchard de contrabando. Si quieres, te paso.

—Deja, deja. Me comprometí por contrato a no comer azúcar —‘la droga dulce’, la llaman aquí—. Y no voy a poner en riesgo mi reportaje por un trozo de chocolate. Si al menos fueran unos cordiales o unos pastelillos de cabello de ángel…

—¿Pero tú que tienes? ¿140 años? Y ahora me dirás que también te gusta el tocino de cielo y los rollitos de anís.

—Pues sí, ¿qué pasa?

—No, nada. Supongo que eres de las que llevas una bolsa dobladita dentro del bolso. Ya me estoy imaginando el titular de tu reportaje: «Cómo envejecer 20 años en quince días».

El Consejo de Administración del Centro Antiaging El Valle me pide que centre mi reportaje en la importancia del ‘estatus’ como barrera contra la ‘lotería genética’. «El lujo hoy es sinónimo de longevidad», han insistido. También me facilitan un listado de palabras clave que debo utilizar, como ‘biohack’ —hackear los límites de la naturaleza humana— y ‘transhumanismo’ —la fusión del hombre con la tecnología como salto ‘inevitable’ hacia la siguiente etapa evolutiva—.

Hoy toca sesión en la cámara hiperbárica. Paca y yo decidimos meternos juntas. La presión dentro es hasta tres veces superior a la normal y el chute de oxígeno reduce la inflamación y mejora el flujo sanguíneo.

—Dime, ¿a qué edad tuviste tu primera crisis existencial? —me pregunta la rubia sin quitarse su mascarilla de oxígeno—. Ya sabes, ese desencanto vital que aparece de la nada.

—¿Por qué me preguntas eso?

—Porque ahí es cuando una comienza a obsesionarse con la juventud. Esa primera mirada furtiva al abismo te vuelve consciente del paso del tiempo de una manera trágica. Cada segundo es un golpe.

—Bueno —le digo algo colocada por la concentración de oxígeno al 100%—, no creo que se trate de una cuestión de edad, sino de intensidad, de entusiasmo. Imagina que juntaras todo el tiempo que has estado completamente viva hasta ahora, me refiero a esa sensación de plenitud absoluta, ¿cuánto crees que acumularías? ¿15, 20 años?

Hoy nos permiten romper el ayuno con 12 uvas. Quería proponerle a Paca una escapadita al patio trasero para brindar con su Macallan por el 2026, pero no la he visto en todo el día.

Mañana es mi último día en el Centro Antiaging El Valle. El ‘Elixir Boost 1Y’ ha funcionado: soy, biológicamente, un año más joven que cuando llegué. El Consejo de Administración revisa mi reportaje y me felicitan por su enfoque «científico y fresco». Mañana volveré a casa con la piel más tersa, una analítica perfecta y el trabajo bien hecho.

Me hubiera gustado despedirme de Paca, pero no la he encontrado. Nadie parece saber dónde está. Antes de dejar la habitación, encuentro una nota bajo la puerta. Es de ella.

¿Sabías que x̶x̶x̶x̶x̶x es el país del mundo que más trasplantes de órganos realiza y, al mismo tiempo, el que menos donantes tiene? ¿Cómo te lo explicas?

Durante años nos hicieron creer que el futuro de la medicina consistía en retrasar el envejecimiento. No es cierto. Sustituir funciona mejor.

Las píldoras, las cámaras hiperbáricas y el resto del decorado sirven para ganar tiempo. El verdadero negocio es otro. El Centro tiene acceso a un banco de donantes ‘voluntarios’ que garantiza el suministro de órganos cuando los nuestros empiezan a fallar.

Los donantes son personas sin recursos —migrantes, en su mayoría— que, por una suma considerable, entregan su cuerpo una vez muertos. Todo es legal. Donan a la ciencia, con la diferencia de que la ciencia, en este caso, es un holding privado.

Yo, por ejemplo, tengo un problemilla en los ojos. Anteayer me informaron de que mi donante voluntario de ‘retinas’ ya está disponible. Con un poco de suerte, no necesitaré las gafas de cerca nunca más.

Ya sabes lo que siempre te digo: envejecer es de pobres.

Tu amiga P.

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