Opinión | Mamá está que se sale
Hoy es fiesta en Villamanín
La realidad siempre supera a la ficción

Una papeleta de Villamanín premiada con el Gordo de Navidad. / J.Casares
Hoy es fiesta es una obra de teatro de Buero Vallejo, que cuenta la historia de unos pobres desgraciados, cada uno a su manera, de un barrio modesto. Tras la euforia de haberles tocado un premio en la lotería, pasan a la pena o a la rabia descerebrada, cuando descubren que en realidad la depositaria se quedó con el dinero sin comprar el décimo.
La obra de teatro guarda un parecido más que razonable con la historia real de Villamanín, el pueblo de León donde ha caído el gordo, pero que por un error de los chicos de la comisión de fiestas, sobran papeletas vendidas, y no se ponen de acuerdo para cobrar el premio, que sigue todavía en el aire.
En la obra de teatro hay un engaño inicial que va sacándole lo peor a cada uno de los personajes. Lo sorprendente del asunto de Villamanín es que el punto de partida es un error (fatal, lo sé), pero de efectos equivalentes. Todos peleados. Qué entretenidos somos los seres humanos.
Resulta que, en Hoy es fiesta, el estropicio del décimo lo ocasiona Doña Balbina, una vieja gorrona que vive de las apariencias y que, confiada en que nunca toca nada, recauda el dinero del décimo, pero muestra a los vecinos el que compró el año pasado, engañándolos a todos.
Sin embargo, en Villamanín, los chicos de la comisión de fiestas sí que compraron los décimos: los eligieron, los pagaron, y después hicieron las participaciones que vendieron por todo el pueblo. En otras palabras, que, si no es por ellos, ni estaríamos hablando de décimos, ni de premios.
Luego, una vez que el pastel sale a la luz, Daniela, la hija de Doña Balbina, que desde el principio se veía venir el asunto, confiesa la verdad ante el peso de su conciencia, para enfado de la madre, que se sentía con capacidad para torear al personal e ir ganando tiempo.
Al igual que Daniela, los chicos de la comisión contaron la verdad en cuanto se dieron cuenta. Los pobres (el mayor con 25 años) y claramente con falta de tablas, renunciaron a sus premios, que representaban su oportunidad para una vida mejor, creyendo que aquello resolvería el problema. Pero en Villamanín no hay un Sabas, el personaje que es una mezcla de fuerza bruta y mala leche. Por desgracia, hay dos. Dos Sabas que, a pesar de no haber hecho en su vida nada por salir de su pueblo, ahora quieren hasta el último céntimo del premio, llevándose por delante a los chavales si hace falta. Quién sabe si, como Sabas, estos dos brutos sólo quieren la fuerza por la fuerza, porque es el hábitat donde se sienten cómodos, les gusta el lío. Y lo del premio es lo de menos.
Y el pueblo asiste al circo como el bueno de Cristóbal. Con el sentido común de entender un error, por fatal que sea, y la decencia de reconocer el bien hecho hasta ahora por los chicos.
La obra de teatro termina en tragedia, dejando a los personajes más hundidos si cabe, en la misma miseria de siempre. Ojalá los Reyes Magos traigan a Villamanín un acuerdo, que devuelva la normalidad al pueblo, y traiga tranquilidad a los chavales. Yo pediría para los dos Sabas un buen premio. Pero voy a ser buena, y pediré por que haya paz y todo termine bien.
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