Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | Misa de doce

¡Feliz año!

El año nuevo simboliza el final de un ciclo y el comienzo de una nueva etapa, a priori, esperanzadora.

Realizar más ejercicio, alimentarse mejor, leer más, reconectar con aquellas personas que en su momento fueron importantes para ti… De cara al año nuevo todos nos marcamos renovados propósitos y objetivos para crecer tanto profesional como personalmente.

No obstante, es importante mantener los pies en el suelo y marcarse retos que sean realistas y no algo utópico que se quede en el típico calentón de nochevieja. En mi caso, aunque no sé si esto es bueno o no, me conformo con prestar más atención a los whatsapp que recibo e ir respondiéndolos, más o menos, al día.

Nostalgia por lo que se va, esperanza por lo que viene. La nochevieja se convierte en un punto de inflexión donde pasado y futuro coinciden en la misma línea espacio temporal. He de reconocer que nunca ha sido santo de mi devoción y que cierta sensación de tristeza, no sé muy bien por qué, aderezada con su buena dosis de nostalgia se apodera de mí.

Mi nochevieja no es muy diferente al resto. Tras el pertinente ‘aperitivazo’ mañanero y la posterior cena, me preparo, un año más, para el inevitable trance de las uvas. Trance porque, seamos sinceros, no es un ritual que me apasione. Primero porque no me gustan las uvas, y luego porque no soporto el momento en que te explican, ¡y madre mía quién lo hace! un proceso, que es más simple que el mecanismo de un botijo, como si fuera física nuclear.

Pero, bueno, como dice Mecano, al menos una vez al año, los españolitos hacemos algo a la vez.

Aunque, sin duda, lo peor de la nochevieja son los típicos programas de humor y variedades, a cual más bodrio, cuyo formato parece que no ha evolucionado lo más mínimo en los últimos cincuenta años.

Pero afortunadamente para solucionar esto Dios inventó el cine y de la costilla de Adán creó al maestro Frank Capra, sin duda uno de los directores que mejor ha sabido fotografiar nuestras emociones y que, plano a plano, ha radiografiado como nadie la emoción humana construyendo historias en que el denominador común es la esperanza.

Y es que si hay una película que no puede faltar en nuestro menú navideño es Juan Nadie. Película imprescindible la primera madrugada del año cuyos personajes, al igual que nosotros, se enfrentan a sus propias contradicciones y anhelos la víspera de año nuevo.

Los deseos de año nuevo son de las pocas cosas que tiñen de ilusión estas fechas y lo que de alguna forma nos iguala a todos. Ojalá esos objetivos no caigan en saco roto y podamos verlos cumplidos.

Yo me conformo con que nos pongamos en la piel del otro antes de juzgarlo o criticarlo. Empatizar con el punto de vista de nuestro adversario es fundamental para comprender sus emociones y construir puentes que nos acerquen.

Aplicando esta fórmula nuestro adversario dejará de serlo y se convertirá en alguien con el que podremos dialogar en busca de soluciones.

No deseemos para los demás aquello que no queremos para nosotros. Este es mi deseo. Feliz año.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents