Opinión | Pasado a limpio
Jano, dios de las puertas

Una de las papeletas el número 79.432, premiado con el 'Gordo' de la Lotería. / EFE/J.Casares
Jano, el portador de las llaves, el dios romano de los inicios, pero también de los finales, de los umbrales y las transiciones. Es uno de los más ancestrales, un dios del tiempo antes de importar a Kronos bajo el nombre de Saturno. Está relacionado con la navegación, la agricultura y la moneda. Sea por el intercambio o por ser el dios bifronte, las primeras monedas romanas se empezaron a acuñar con las dos caras de Jano. Es el dios al que se consagra el mes de enero, janeiro, janvier, january.
Antes de atravesar el umbral del nuevo año, nos llega la noticia de una pequeña tragedia de la España vaciada. Unos jóvenes de Villamanín, en León, vendieron participaciones de lotería para conseguir dinero para la comisión de fiestas. El día 22 se desató la euforia en el pueblo, había tocado el gordo. Pero poco después se abrió la caja de los truenos: vendieron papeletas por encima del valor de los décimos que las respaldaban. El desfase es de cuatro millones de euros.
Tal vez no sea por mi antiguo oficio de abogado, pero creo en la bondad innata de las personas. No así en la justicia ni en los jueces, posiblemente por haberlos tratado tanto. He llegado a la conclusión de que la justicia remunerativa, la que premia y castiga, es propia de los dioses; la restaurativa, la que repara los daños causados, es una quimera; y la distributiva, la que da a cada uno lo que le corresponde, no pasa de ser un desiderátum. Pero aprendí de mis maestros de Derecho Civil que la buena fe es un principio elemental de las relaciones sociales. Sobre ese principio se construye toda la estructura normativa de los derechos y obligaciones, como una auténtica piedra angular. Piensa, lector, qué sería de la sociedad si no pusiéramos un mínimo de confianza en aquellos con quien nos relacionamos a diario; la convivencia sería imposible. Baste como demostración a contrario el foro político.
Eso no quita que no haya gente con mala idea, malvados y perversos; toda una gama de indeseables convive con nosotros. Pero si hablamos de civilización no puede ser sino con la colaboración, el intercambio y las fructíferas relaciones sociales. Oliver Hart y Bengt Holmström consiguieron el Nobel de Economía en 2016 por su contribución a la Teoría de los Contratos y el análisis de los contratos eficientes en las relaciones económicas. Creo que podemos extraer conclusiones acertadas sobre cuáles son las relaciones más productivas. Jano es un dios civilizador.
Salvo demostración en contrario, creo que los jóvenes de Villamanín actuaban de buena fe. Así lo creeré mientras no se demuestre lo contrario. Será por eso que no soy juez, ni quisiera serlo. Pero centrándonos en el problema, la cuestión es cómo se resuelve el agujero de los cuatro millones de euros. Un argumento para considerar es el premio por papeleta, 65.600 euros después de impuestos, poco más de un salario decente en esta España inflacionaria. Un sueldazo en Murcia, tal como paga la empresa privada. Tampoco es para rasgarse las vestiduras. En la perspectiva de un litigio rematadamente largo, habría que considerar otras alternativas razonables.
Sería tedioso aburrirte, amable lector, con una perorata sobre la posible solución legal, máxime cuando hay especialistas de todas clases, incluso en litigios sobre loterías, que ya es decir, opinando sobre la fragilidad del espíritu humano ante un fajo de moneda fiduciaria. Como los diez mandamientos cristianos, que se resumen en dos, el litigio tiene dos vías, la penal y la civil. La penal es descartada por muchos, porque el delito de estafa es doloso y en el caso que nos ocupa, no parece haber mucho más que culpa. Pero basta con que haya quien tire el carro por el pedregal y yo no apostaría porque un juez recién peinado no vislumbre el dolo allí donde nadie más lo ve.
Luego está la vía civil y, qué quieren que les diga, a mayor complejidad, más variedad de opiniones. Si la comisión de fiestas está constituida en asociación, será ésta la responsable y dudo que tenga solvencia para responder. Pero si los responsables son los jóvenes de la comisión de fiestas, la previsible iliquidez, o peor, la insolvencia del o los responsables nos llevaría a una masa de acreedores del mismo rango, sin preferencia entre ellos, por lo que rige el principio de igualdad de los acreedores, par conditio creditorum, que obliga a repartir entre todos ellos a prorrata, lo que hace casi imposible el cobro íntegro de su crédito.
Seamos más claros: la maldición gitana es siempre un criterio a tener en cuenta, pleitos tengas y los ganes. Ante eso, habremos de considerar la alternativa: mejor un mal acuerdo que un buen pleito.
Confirmando mi fe en la humanidad, oigo la noticia de que otra comisión de fiestas de A Coruña, la de San Mamede, se moviliza para echar una mano y ayudar a los jóvenes de Villamanín.
Que no perdamos la fe en la humanidad es un propósito plausible en los tiempos que corren, de odios, rencores y malquerencias. Por Jano, que mantenga abierta la puerta a la esperanza.
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