Opinión | Noticias del Antropoceno
La economía de 2026

Carlos Cuerpo, ministro de Economía. / L.O.
Con el Partido Socialista reducido y cohesionado a nivel de secta, y enfangado en la corrupción, la perspectiva política de este país no aventura nada bueno para el 2026. Al contrario, la economía seguirá por una senda de crecimiento, a pesar de los palos en las ruedas que intentan ponerles los socios del actual Gobierno.
Afortunadamente, para los derechos económicos, el Gobierno mal llamado progresista (no hay progreso sin respeto al equilibrio de poderes y a los medios de comunicación independientes) no podrá aprobar ninguna ley hasta el final de la legislatura sin el apoyo de Junts, un partido que defiende con uñas y dientes a la burguesía catalana y, de paso, actúa de cortafuegos para los intereses empresariales del resto.
La propaganda gubernamental, por otra parte, seguirá ofreciendo señuelos a la opinión pública, como la supresión de apartamentos turísticos para resolver el problema de la vivienda.
Lo más probable es que los decretos que necesiten convalidación en el Parlamento se queden en nada. Como consecuencia, la inflación se encargará de equilibrar el déficit presupuestario (ayudada por la inmovilización de los tipos del IRPF) y los índices macro como el PIB seguirán su tendencia positiva por la política de puertas abiertas a la inmigración.
Que eso sea un espejismo que oculta el empobrecimiento general, como la gente comprueba cada fin de mes, no es problema para un PSOE que confía en movilizar a funcionarios y jubilados para que le presten los votos que le falten con el fin de seguir gobernando coaligado con otras minorías.
El principal problema económico de este año seguirá siendo la falta de productividad, con una estructura empresarial atomizada en miniempresas y una pléyade de autónomos con rendimientos que apenas alcanzan el salario mínimo.
La falta de tamaño de las unidades productivas -junto con la asfixiante rigidez de las relaciones laborales- seguirá bloqueando la adopción de las políticas empresariales necesarias para aumentar la eficiencia. No hay margen para innovar, para diversificar ni para internacionalizar.
Solo alcanza apenas para sobrevivir, con empleados y empleadores atados al mástil de la nave empresarial por las indemnizaciones por despido y la ruina de las cotizaciones sociales.
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