Opinión | La vida no es tan perra
Navidad sin luces

Feliz Navidad
Hemos llegado, y no queda mucho más por quedarnos ojiplaticos, a una Navidad marcada por lo visual, por lo virtual frente a lo espiritual.
Todos adornamos las casas, los hogares ,las empresas y locales comerciales con luces de led multivariadas y divertidas. Todo se envuelve de luminosidad ,nieve de redes sociales y colorido en estas fechas.
Ya tenemos más adoración al Papá Noel que a nuestros Reyes Magos ,pero da igual, pues lo importante y obligatorio es el regalo, como muestra de ilusión y hacer feliz a tus seres queridos.
Y todo aderezado con villancicos modernos que sobrepasaron al tamborilero, los peces en el río, campana sobre campana o hacia belén va una burra ring, ring ; los sones anglosajones y nuestro patrio Bisbal nos recuerdan que también estuvimos en Belén.
La Navidad no se entiende sin el envoltorio o la mascara de la marea de consumismo ( regalos compulsivos y aderezos invasores de culturas ajenas). Lejos quedó el: con su mismo nacimiento, árbol o luces de cada año.
Hay una fiebre a competir en encendidos de ciudades, con el reto de pasar al libro de Ginness como la ciudad o pueblo que más y mejor luces tiene.
Quizás luego no llegue el presupuesto para enlosar bien las calles, iluminar callejones oscuros, arreglar inmobiliario roto o quizás dotar a las escuelas o a los hospitales de lo necesario. Pero si podemos presumir ,como alcaldes iluminados ,de tener las luces más largas de nuestro entorno autonómico o hispano.
Claro está que siempre nos atacaban con la idea de que era malo en la vida tener pocas luces.
Viendo el desarrollo de la Iglesia cristiana, la fe de los ciudadanos en la actualidad y lo poco que nos importa lo espiritual de las fiestas ; lo que ocurrió en Belén el día 25 no tiene nada que ver con la actualidad.
Jesús nació en la pobreza en un pesebre y hoy su casa es una gran catedral del Vaticano. Si que ha progresado la cosa. El portal no tenía luz, hoy parece una feria cualquier manifestación de estos días.
Nació rodeado de gente entregada a ayudar al otro y humildad, hoy somos más egoístas y hedonistas a toda costa. Hoy los que comparten la fe de Jesús son cada vez más escasos y ninguneados, mientras el culto a lo fútil y momentáneo es lo destacable.
A veces la verdadera luz no está en los focos, aunque pongamos el foco en las luces. No nos luce para nada hacer creer a los demás que en estas fechas hay que ser felices por obligación , o valorarlo según la luminotecnia que nos acompaña.
Es el siglo de las luces sin alma. Es vestirnos de navideños sin una verdadera luz de la esencia de sus orígenes: un judío que procesó el amor al prójimo como bandera.
Aún quedan curas y misioneras de base que reciben y aportan luz a los más necesitados: pobres, desahuciados, marginados, excluidos y estigmatizados.
La verdadera luz salió de un pesebre oscuro, no de unos pueblos atiborrados de luces.
La verdadera estrella que nos ilumina y dirige, nos está haciendo más individuales y materialistas.
Hasta la realidad de la IA nos oscurecerá la inteligencia y creatividad humana ; perderemos más luces en nuestro cerebro y las neuronas serán menos productivas.
Esperemos que por tantas luces no vuelva ningún apagón general estos próximos meses por estrenar. Siempre nos quedará la luz del sol que ilumina nuestros días en verdad.
Manuel Illera. Un iluminatis sin más.
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