Opinión | EL MAPA Y EL TERRITORIO
Mi retiro en el Centro Antiaging El Valle (I)
Sábado 20
Me encuentro aislada en mi ‘celda de bienestar’, una habitación de tres metros cuadrados y estilo minimalista ‘chic’ en la que estoy pasando estas fiestas por trabajo. El Consejo de Administración del Centro Antiaging El Valle me ha contratado para hacer un reportaje en primera persona sobre mi experiencia ‘wellness’ de rejuvenecimiento.

Mi retiro en el Centro Antiaging El Valle (I)Relato navideño sobre lo que cuesta no envejecer
Domingo 21
Ya llevo aquí dos días. En realidad, pasar las Navidades sola en esta cárcel de la salud no es tan terrible y, además, pagan bien. El Valle es el primer centro ‘antiaging’ de Murcia especializado en biociencia y medicina preventiva personalizada. Mi misión como periodista es escribir sobre los efectos de la molécula bautizada como PCC1 (proantocianidina C1), considerada el santo grial de la juventud.
Lunes 22
Según los estudios preclínicos, el tratamiento con PCC1 en ratones ha logrado aumentar la esperanza de vida entre un 9% y un 64%. Este revolucionario compuesto actúa selectivamente sobre las ‘células zombis’ o envejecidas —causantes de la inflamación crónica—, eliminándolas sin dañar sanas. Mi estancia aquí será de 15 días: el tiempo necesario para completar el tratamiento ‘Elixir Boost 1Y’, con el que, aseguran, retrasaré mi reloj biológico un año. No me ha tocado la lotería, pero este encargo es oro.
Martes 23
Hay un par de detalles que tendré que omitir en mi (publi) reportaje. Aunque se trata de un centro de lujo, la vida aquí se parece más a la de un convento. Yoga terapéutico al amanecer; después, ducha, masaje ayurvédico drenante y desayuno: kéfir con chía —que sabe a pies— y el combinado diario de píldoras C1. Por la tarde, sesiones de láser y microagujas con radiofrecuencia, infiltraciones de ácido hialurónico y toxina botulínica; además de una hora de análisis clínicos y extracción de sangre.
Miércoles 24
No consigo dormir. Por ser Nochebuena nos han mandado a la cama una hora más tarde, pero ¿quién puede pegar ojo a las nueve? Tenemos prohibido salir de nuestra ‘celda de bienestar’ salvo para beber agua, así que cojo mi termo y recorro el pasillo hasta la máquina de agua caliente.
—Tú tampoco aguantas más, ¿eh? —me pregunta la rubia de unos 50 años que está rellenando su propio termo—. Saldremos de aquí 20 años más jóvenes, pero antes moriremos de aburrimiento.
—Sí, bueno. Yo estoy aquí por trabajo.
—Ya, ya. ‘La periodista’ —me dice con retintín—. Mira, si quieres puedo darle un poco de ‘alegría’ al agua caliente.
La rubia abre su albornoz blanco (todos los pacientes debemos llevar uno) y me enseña la botella de Macallan que sobresale del bolsillo interior.
—¿Vas a beberte eso? —le pregunto—. Las normas dejan bien claro que…
—¿Tú quién eres, el Grinch? —me interrumpe—. Cuando bebo alcohol todos me llama alcohólica, pero cuando bebo Fanta nadie me llama fantástica. Tú te lo pierdes.
Jueves 25
Hoy tampoco consigo dormir. Salgo a hurtadillas y me encuentro a la rubia en la explanada trasera, echándose un cigarro y contemplando el paisaje.
—No fumes, mujer, que no es natural —le digo a modo de saludo.
—Nada de lo que hacemos aquí es natural. De hecho, la vida humana es una lucha contra la naturaleza —me dice antes de darle otra calada.
—Pero fumar es malo —le respondo.
—Si pudieras elegir entre cien años en un valle de lágrimas o un segundo de éxtasis, de puro placer, ¿qué elegirías?
—Elegiría la opción ‘C) Ambas respuestas son correctas’… Nuestro cuerpo es un proyecto eterno de mejoramiento. La presión estética siempre está ahí, pero de lo que se trata es de sentirnos bien con nosotras mismas. Gozar de más años con mayor bienestar. Por eso lo que este Centro propone es revolucionario: una nueva manera de entender la medicina no solo estética, sino el concepto de ‘salud’ —le digo en mi modo más profesional—. Y eso requiere ciertos sacrificios.
—¿Sacrificios? ¡Ja! Ni que fueras del banco de ‘donantes voluntarios’.
—¿Qué banco?
—Vamos, no seas ingenua. ¿A quien le importan las patas de gallo cuando sus órganos comienzan a fallar? Supongo que por eso estás aquí, ¿no?
—Estoy aquí por trabajo, pero por tu culpa ahora tengo ganas de fumar.
—Toma un piti. Te sirvo también un culín de Macallan, que he robado un par de vasitos de la máquina de agua. Por cierto, me llamo Francisca, Paca para las amigas, ¿y tú?
…
Aquella noche todavía no podía saber hasta qué punto ese encuentro con Francisca —«Paca, para los amigas»— iba a trastocar mis planes. A lo lejos, en el edificio principal del Centro Antiaging El Valle, una luz se encendió y apagó de inmediato. Paca aplastó el cigarro contra el suelo, me miró a los ojos y dijo: «Aquí casi nada es lo que parece».
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