Opinión | Nos queda la palabra
La felicidad,ja ja ja ja
La felicidad es no tener miedo, nos comentó en una conferencia Fernando Savater en una de sus visitas a Murcia. Hoy, el filósofo vive permanentemente temeroso de lo que hace tiempo, afortunadamente, derrotamos en Euskadi y toda España.
El deseo de felicidad es común en todos los mensajes que nos inundan estos días sean de contenido religioso o soprano, personales u online, con el trazo del hombre o de la inteligencia artificial.
No hay postales navideñas bombardeando o desahuciando el belén en Belén...aunque ya nada es descartable, pues cada vez más estos últimos días de diciembre son un paréntesis frente a los que, con el aplauso y voto de las mayorías, se vanaglorian de descuartizamientos como el del periodista Jamal Khashoggi o de asesinatos como el del cineasta Rob Reiner.
Más cerca, bajando por el Mediterráneo, tenemos al alcalde Albiol y a sus parroquianos celebrando echar a la calle a 400 personas, cerrándoles las puertas a las iglesias en plena Dana. Hablando de lluvias, es descorazonador oir a Mazón haciéndose la víctima cuando, con sus aliados, suprimió la unidad de emergencias de la comunidad vecina y en solitario primó su agenda personal sobre la colectiva. Los mismos que aquí expulsan al monte a decenas de niños no acompañados o votan en los ayuntamientos a favor de la exclusión y persecución de los que no son cristianos, tienen otro color de piel o no son españoles.
Todos estos sujetos son los primeros en envolverse en el espíritu navideño y se les perdona todo ya que su indecencia suma votos. Al fin y al cabo, si la verdad no importa el resto del año, con tanta led nos deslumbran para ocultar su hipocresía y mentiras.
Lo grave es que si son los principales activistas de lanzar miedo y odio, habrá que cambiar el sustantivo y enterrar el concepto de felicidad para siempre pues cada vez son más legión.
Ni el Rey, criticando veladamente la dictadura y elogiando la contribución europea, ni el Papa, llamando a la paz real en Palestina y a la atención a los más desfavorecidos, escapan de sus diatribas. Visto lo visto, no obstante, lo mejor es no tenerlos miedo, ser felices, pues si empiezan a depurar se quedarán solos, ya que no les importa nada ni nadie.
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