Opinión | Misa de Doce
Más Eduardos, menos odio

Lazo rojo de concienciación con VIH. / L.O.
En la maravillosa saga Cazafantasmas, dirigida por el maestro Iván Reitman, el slime rosa o moco psicoreactivo es una sustancia sobrenatural que responde a las emociones humanas activándose en función del índice de negatividad y odio que detecte en ese momento a su alrededor. Algo así como una especie de termómetro del odio.
Hoy por hoy, desgraciadamente, el moco psicoreactivo está desquiciado y con niveles similares a la radiación liberada tras la explosión del reactor 4 de la central nuclear de Chernóbil ; vamos, que el odiómetro está disparado. Y es que, desgraciadamente, el odio se ha extendido por todo nuestro tejido social a modo de metástasis hiriendo nuestra convivencia, quién sabe si de muerte.
Es cierto que siempre ha existido y que es una emoción inherente a la raza humana, pero, seamos sinceros, hacía décadas que el ‘odiómetro’ no registraba unos valores tan elevados como los que a día de hoy tenemos.
Y si no que se lo digan al bueno de Eduardo Casanova, que ha sufrido todo tipo de insultos y mensajes de odio tras hacer público, el pasado 18 de diciembre, que vive con VIH desde hace años.
«Lo hago por mí, pero deseo que esto pueda ayudar a más gente», declaró el otro día Eduardo Casanova. Lo has hecho, Eduardo
Hay que ser ruin, miserable y haber perdido hasta el último aliento de humanidad en las entrañas del infierno para no empatizar con el dolor ajeno y vomitar tanto veneno en forma de odio.
Alrededor del 80% de las personas seropositivas no lo dicen por miedo al rechazo y a la estigmatización social. Que personajes públicos como Eduardo Casanova rompan el silencio y visibilicen el virus ayuda a normalizar la realidad de las personas que viven con VIH.
Porque a día de hoy en nuestro país, gracias a la eficacia de los retrovirales, la mayoría de las personas con VIH disfrutan de una vida completamente normal, saludable y con una esperanza de vida similar al resto.
Iniciativas como las de Eduardo Casanova ayudan y reconfortan a todos aquellos que viven en silencio y estigmatizados por su relación con el VIH. Desgraciadamente, ser seropositivo sigue siendo motivo de rechazo por buena parte de una sociedad que prejuzga y está llena de prejuicios respecto al virus.
Un virus que no es sinónimo de sida ni exclusivo de un determinado colectivo. En absoluto, el virus sigue estando en todos lados, al acecho, como consecuencia de las campañas de desinformación y odio de aquellos que aún viven en la época de las cavernas estigmatizando a grupos exclusivos. Y es que hay un virus mucho más letal y peligroso que el VIH, el del odio. Un odio que se alimenta y crece día a día gracias a la polarización de la sociedad actual y a la falta de empatía que tenemos con nuestros semejantes.
«Lo hago por mí, pero deseo que esto pueda ayudar a más gente», declaró el otro día Eduardo Casanova. Lo has hecho, Eduardo, has ayudado a mucha gente. Gracias por tu valentía y por allanar el camino a miles de personas. Ojalá hubiera más como tú.
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