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Opinión | El canal del funcionario

Felipe nos alerta sobre VOX

Su Majestad el Rey, Felipe VI

Su Majestad el Rey, Felipe VI

La Casa Real tiene varios problemas, uno de ellos se llama Juan Carlos, al cual quiere públicamente ignorar, pero el emérito sigue empeñado en seguir jodiéndole a su hijo el reinado, poniéndole piedras en el camino y queriendo recuperar su sitio en la historia a base de biografías llenas de autobombo y odas a su legado. Su odio a su nuera empieza a ser preocupante, pero su mayor problema tiene otro nombre: Santiago Abascal.

Sabe que en el caso de seguir soplando el aire a favor del ‘populismo extremo’, como él mismo ha advertido, le situaría en una posición demasiado incómoda, y es que le obligaría a hacerse demasiadas fotos con el líder de VOX.

Santiago puede convertirse en el principio del fin de la monarquía, no porque la extrema derecha no lo apoye, sino todo lo contrario, por su apoyo sin fisuras a la Casa Real.

Felipe sabe que mucha gente hubiera preferido que tuviera guiños comunicativos con los incendios de este pasado verano, con las mujeres que siguen sufriendo la incompetencia y la privatización de la sanidad pública en Andalucía, donde los tumores mamarios han crecido a escondidas, que hubiera profundizado en el problema de la vivienda –aunque hablar de pisos y apartamentos desde un palacio siempre es arriesgado-, o cómo afrontar la inmigración, pero nuestro Rey también tiene que velar no solo por él, sino por el futuro de la Casa Real.

Es lógico que a Felipe, como a cualquier padre, le preocupe el papel de su hija Leonor el día de mañana, y en un mundo tan polarizado y confrontado como proponen las extremas derechas que siguen colonizando el mundo, una de las instituciones que se verían entre la espada y la pared, es la propia realeza.

Personalmente, pero tampoco va a hacer un discurso el Rey pensando en cada uno de sus súbditos, he echado mucho en falta la defensa de las políticas públicas, principalmente de la sanidad pública, que sigue siendo esquilmada sin nocturnidad pero con mucha alevosía, por intereses partidistas.

Hay millones de personas que tienen en la salud el único cordón umbilical que nos une a la igualdad y la equidad. Son cientos de miles de jóvenes los que han podido estudiar al no tener sus padres que endeudarse o hipotecarse para recibir tratamientos médicos o intervenciones quirúrgicas, y si hay algo que une a todos los españoles y españolas, es precisamente la importancia de velar y cuidar la sanidad, no en general, sino la pública en particular.

Así que como no lo ha hecho mi Rey, aprovecho este pequeño altavoz para quitarme el sombre y darle las gracias a todos los profesionales, sanitarios y no sanitarios, de la sanidad pública que creen en ella como elemento fundamental de convivencia.

A esos médicos que llegan a las 8, que se van en el mejor de los casos a las 3 de la tarde, a los que hacen un hueco en sus consultas de especialistas para atenderte, a esos que no se van a media mañana para atender sus consultas privadas, a los que creen que antes que bailar con la más guapa y la que más posibilidades tiene, se preocupan de que no quede nadie en su centro de salud se haya quedado sin al menos escuchar música.

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