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Opinión | EL BLOG DEL FUNCIONARIO

Lucas Jiménez, el ‘triturador’ de consejeros de Agricultura

Lleva 9 años al frente del todopoderoso sindicato de regantes del Trasvase Tajo-Segura; es uno de los mayores azotes del Gobierno de España, vinculado al partido popular desde muy joven —de hecho, ostentó cargos públicos—; fue alcalde pedáneo en la época de Miguel Ángel Cámara, aquel regidor que se permitía el lujo de vivir sin ir al cajero automático mientras el resto íbamos con la soga al cuello; y aunque muchos aseguran que persigue ser Consejero de Agricultura, personalmente, lo dudo: su poder es mucho mayor. Más aún, en estos nueve años, ha visto ya pasar a cinco consejeros por el sindicato —Martínez Cachá, Jódar, Del Amor, Luengo, Rubira— y es que todos los consejeros saben que Lucas Jiménez tiene hilo directo con San Esteban.

Nadie se atreve a cuestionarle, todos conocen su poder de movilización en el sindicato, y en palacio muy pocos se atreven a dar un paso si no es consultarle. No le habrán visto nunca respaldar públicamente a ningún consejero, al contrario, son los consejeros quienes lo respaldan a él y a su organización.

Cuando el Gobierno de Rajoy, la entonces ministra García Tejerina demostraba que el levante le importaba más bien poco, sus quejas apenas se oían, en cambio, ahora, con los socialistas en la Moncloa, no hay día que no haga sonar las alarmas por todos los campos regionales contra Pedro Sánchez. «La cabra tira al monte».

Si en estos nueve años no ha sido capaz de encontrar una solución al problema del trasvase, quizás va siendo hora de dar un paso al lado, y es que algunos de los que le dan palmadas ahora —son los mismos que cuando no está— ya dicen que Lucas Jiménez empieza a formar parte del problema.

El mundo agrícola en la Región es el mayor lobby que tenemos; no hay posibilidad alguna de gobernar si la todopoderosa comunidad agrícola no te respalda, y si no que se lo pregunten a Vox y la Fundación Ingenio, y no solo los socialistas murcianos no tienen su respeto, sino que Lucas Jiménez, aunque lo niegue, los tiene sentenciados por los siglos de los siglos.

Por desgracia para él —y para nosotros— Castilla-La Mancha va ganando la partida del trasvase, sobre todo porque, si en Murcia el agua da votos al PP —y muchos—, en la comunidad vecina ocurre no solo lo mismo, sino que allí se reparten muchos más votos (21) que en esta comunidad uniprovincial (10), y al final, los diputados son los que votan. En otras palabras, con una población similar, unos dos millones en Castilla-La Mancha y un millón seiscientas mil personas en Murcia, allí eligen más del doble de representantes que nosotros. Blanco y en botella.

El poder económico para llegar a los medios de comunicación del SCRATS está al alcance de muy pocos; a veces parece un pozo sin fondo, si a ello le sumas que cuando tocan el pito salen tractores y empresarios —que no trabajadores— de debajo de las piedras. El resultado es que nos encontramos ante uno de los mayores poderes regionales, pero a pesar de tener todas esas cartas, la situación sigue deteriorándose en el campo. Quizás, solo quizás, haya llegado el momento de nuevas estrategias, nuevas ideas y nuevas caras.

Feliz Nochebuena.

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