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Opinión | Así somos

Convincentes robots electorales

Millones de personas emplean cada día la Inteligencia Artificial, sea gratuita o de pago, para buscar respuestas a preguntas de todo tipo. Es frecuente que su intención sea informarse sobre temas de actualidad que no conocen bien o sobre los que hay distintas opiniones en la sociedad y que podrían formar parte de los debates electorales.

El azar ha querido que las revistas Science y Nature publicaran, justo hace unos días y casi de forma simultánea, sendas investigaciones sobre el poder persuasivo de las aplicaciones informáticas interactivas o de conversación en temas políticos y en decisiones electorales. Participaron en estos estudios miles de personas del Reino Unido, Canadá, Estados Unidos y Polonia. Concluyeron que una breve conversación con un algoritmo es capaz de cambiar en parte las ideas y opiniones sobre asuntos controvertidos e influir incluso en las decisiones electorales. El efecto era mayor que el resultante de la exposición a mensajes de forma pasiva, por ejemplo, a través de cartas, anuncios, vídeos o carteles.

Aunque ambos trabajos difieren entre sí, muestran al unísono que las conversaciones con sistemas automatizados son capaces de mover a las personas hacia los planteamientos de sus adversarios. Coinciden, además, en que uno de los factores más importantes es la cantidad de información a través de datos, cifras, hechos y argumentos que aportan los mensajes. Estos sistemas, además, pueden incorporar esta información al diálogo de manera casi instantánea. Los programas mejoran por sí mismos, y su eficacia aumenta si se ajustan para utilizar las frases que han resultado ser más exitosas en cambiar la opinión de otras personas. Surge, sin embargo, un problema y es que, cuanta más información dan, más equivocaciones y más datos inexactos aparecen. Existe además una asimetría ideológica, ya que, después de ser verificados, se observa que en varios países los errores se acumulan más en los mensajes de apoyo a la derecha política.

Mayor eficacia que la retórica tradicional

Los dos estudios están de acuerdo en que el poder de la información, en esta forma de llevar a cabo la campaña electoral, era mayor que los recursos de retórica tradicional, como eslóganes o narrativas. El papel de la personalización de los mensajes, es decir, si son más efectivos cuando se ajustan a las características conocidas o inferidas de la persona que conversa con el algoritmo, como edad, ocupación o tendencias ideológicas, era mucho menor de lo que se pensaba. No valoraron un importante aspecto de las campañas, como las características de un candidato, su personalidad, liderazgo o ‘carisma’, factor que al parecer ha resultado ser decisivo en muchas confrontaciones electorales.

En la práctica, cuesta creer que sean muchas las personas que recurran al diálogo con un algoritmo de Inteligencia Artificial para decidir su voto o sus preferencias en temas de gran interés. Gran parte de los electores tienen ya su candidato favorito y su manera de informarse se acomoda a canales predeterminados. Sin embargo, muchos votantes, indecisos o no, pueden preguntar a estos sistemas por datos, argumentos u opiniones de expertos acerca de la forma de resolver un problema de actualidad o de cómo es un candidato o de lo que piensa hacer si gana las elecciones. Las respuestas del algoritmo podrían influir en sus decisiones.

Estos hallazgos alumbran uno de los importantes problemas de la Inteligencia Artificial: cómo se decide qué información nutre estos sistemas y cómo la manejarán. Ya se han utilizado en campañas electorales anteriores en varios países y seguro que volverán a emplearse aún más y de una forma distinta y más potente. Tengámoslo en cuenta, porque en un futuro cercano parte de las campañas se apoyarán en diálogos entre una persona y una máquina eficaz en persuadir.

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