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Opinión | Apuntes del natural

Un ladrón con una dosis justa de maldad

Mi amigo sale del dormitorio y se enfrenta a la siguiente escena: hay un hombre en su casa, lleva una linterna en la mano, ya ha abierto varios cajones de los muebles, hay cosas por el suelo

Isak Férriz y Verónica Echegui, en la serie 'Ciudad de sombras'.

Isak Férriz y Verónica Echegui, en la serie 'Ciudad de sombras'. / Lander Larrañaga / Netflix

Mi amigo P. La semana pasada, mi amigo P. duerme plácidamente en su casa de El Palmar. A las cuatro de la mañana lo despierta un ruido que parece que se ha producido en su salón. Se levanta con cuidado de no despertar a su esposa, que duerme a su lado. Sale del dormitorio y se enfrenta a la siguiente escena: hay un hombre en su casa, lleva una linterna en la mano, ya ha abierto varios cajones de los muebles, hay cosas por el suelo. Mi amigo P. enciende la luz y, sin alterarse, le pregunta: «¿Se puede saber qué estás haciendo?» El hombre, un joven de unos treinta años, se señala los bolsillos y dice: «Yo no he robado nada». Y, muy nervioso, corre hacia una pequeñísima ventana que da a un patio exterior por donde ha entrado y por donde quiere escapar. P. le habla: «Espera, no vayas a salir por ahí que te puedes hacer daño con los cristales. Ven, que yo te abro la puerta». Y, efectivamente, P. y el ladrón van hacia la puerta de la casa, él le abre y el ladrón se va corriendo.

Con calma. Mi amigo P. se planteó llamar a la Policía de inmediato; pero, pensándolo bien, y mirando a su esposa, que seguía durmiendo y que no se había enterado de nada, y sabiendo la situación que se iba a crear con los policías al acudir con las luces y las sirenas, el jaleo en la casa buscando huellas y demás, decidió dejarlo todo como estaba y acostarse a dormir. Por la mañana hizo la llamada al 112, donde lo atendieron perfectamente. La Policía llegó y también los del seguro que deberían arreglar la ventana, volver a poner una mosquitera, etcétera, etcétera. No hace falta que les diga que mi amigo P., a pesar de sus 81 años, es un hombre con un gran temple. Y también que el ladrón debía ser un aficionado con una dosis muy justa de maldad. Hubo suerte.

Enfriado. Qué pena, no pude ir a la fiesta de los Importantes de este periódico. Tengo un resfriado y toso. No es la gripe, pero, si me ponía a toser en medio del acto, los de mi alrededor podrían pensar que estaba repartiendo bacilos, así que me quedé en casa bastante cabreado. Otra vez será.

Mucho trabajo. Dos chicos jóvenes están sentados en un banco del Malecón, en Murcia ciudad. Pasan cinco chicas, todas con el pelo muy largo y suelto. Uno de los chicos le dice al otro mirándolas a ellas: «Acho, ninguna tía se corta el pelo ya. Menudo taco tener que peinarse todo ese pelo todos los días».

Música. Hoy voy les voy a recomendar una cosa nueva, a los que les guste la ópera, claro. E incluso les voy a decir dónde está, en Filmin. Resulta que esta plataforma tiene un apartado de música muy bien filmada y si tienes un buen equipo de sonido adaptado a la tele puedes pasar muy buenos ratos escuchándola. La ópera que les recomiendo es Billy Budd, de Benjamin Britten, y la grabación es un estreno en el Teatro Real de Madrid. Oiga, usted, cómo suena eso. Además, qué montaje. Entre coro, solistas y figurantes hay momentos en los que están en escena cerca de cien personas, todos hombres, eso sí, porque la historia ocurre en un barco de guerra en el que solo navegan hombres. Cantan tenores, bajos, contratenores y barítonos. Es muy buena.

Ferrero, en un entrenamiento con Alcaraz en Roland Garros.

Ferrero, en un entrenamiento con Alcaraz en Roland Garros. / EFE

Diferencias. Esta semana se ha hablado mucho de la ruptura entre Carlos Alcaraz y su entrenador, Juan Carlos Ferrero. Les iba tan bien juntos que al personal le cuesta trabajo entender el porqué. Hay muchos rumores sobre las razones que los han llevado a separarse: quizás la más repetida es la diferencia de formas de ver la vida deportiva y la vida privada del tenista y de su entrenador. Sobre esto cabría decir que hay entrenadores de todos los deportes, y no solo del tenis, que limitan la relación con los que los han contratado a únicamente el tiempo que dedican a entrenar, y no se meten para nada en la vida personal que llevan cuando acaban. Por ejemplo, Toni Nadal, tantos años entrenador de Rafa Nadal, nunca se metía en nada de lo que el chico hacía después del entrenamiento. Y una curiosidad: Toni Nadal nunca cobró un sueldo como entrenador de Rafa. Era su tío y no quería dinero de su sobrino.

Impresiona. He visto la serie Ciudad en sombras, el último trabajo de Verónica Echegui antes de morir. Mentiría si no les dijera que se pasa regular viéndola a ella en la pantalla sabiendo que apenas unos meses después de acabar filmación falleció. Y lo cierto es que se le nota que estaba enferma ya. Aparece muy delgada y con un rictus en la cara que no pierde en casi ninguna escena. Era una buena actriz y da pena que se haya ido, tan joven.

¿Todo preparado? ¿Tienen ya el menú para la cena de Nochebuena? Yo sí. Aperitivos variados y pollo relleno. Por supuesto, el pollo deshuesado y preparado para cortar en rodajas y añadirle su salsa. Por cierto, Feliz Navidad. Feliz todo, amigos.

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