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Opinión | La Feliz Gobernación

Comienzan los ensayos

El saloncito de la planta baja del palacio de San Esteban donde el presidente convoca cada año por estas fechas a los periodistas para la ‘copa de Navidad’ abre su amplio portón frente a la solemne escalera por la que Fernando López Miras desciende desde su despacho cuando la canallesca ya está al completo. La escalera data de mediados del siglo XVI tal y como documenta el libro (San Esteban, de colegio a palacio) que los periodistas reciben como cortesía al marcharse, y el presidente baja por ella con la camisa en jardares, como se dice por aquí cuando se la viste por fuera del pantalón. Algo así como si recreara la sotana en corto de uno de los jesuitas fundadores. El detalle hace sonreír a los periodistas, que tras ocho años de su presidencia saben que la informalidad es su mejor estado. Por si alguien no había reparado, el propio presidente hace alusión a su aparente desaliño, que no es tal, pues se trata de un look meditado para la ocasión.

La cita para el aperitivo navideño es a la una del mediodía, y a esa hora todas las webs informativas repican la encuesta (Barómetro de Invierno) del Cemop que vaticina un retroceso del PP desde sus actuales 21 escaños a los 19, alejándolo de la mayoría absoluta de 23 que ahora roza. Ninguna preocupación en la expresión y las palabras del presidente en los corrillos. Al contrario, porque lo que el sondeo señala es que la rebaja del PP se ha frenado respecto a barómetros anteriores, y el problema ronda en otros prados. Los socialistas pugnan con Vox por la segunda plaza en la combinación de la caída del PSOE de 13 a 12 y la escalada de los abascales de 9 a 12, aunque con porcentaje ligeramente mayor para éstos. El Cemop publica estos datos pocos días después de que el Observatorio de la UCAM anunciara los suyos, con mínima diferencia de resultados, salvo por el hecho de que en este caso la condición de tercera fuerza del PSOE aparece más consolidada.

La coincidencia predictiva de ambos sondeos redunda en su respectica credibilidad, como si se tratara de una ‘segunda opinión’ médica que confirmara un inicial diagnóstico. O ambos encuestadores utilizan el mismo método o es que la realidad es así de tozuda.

La clave Vox

La clave, por encima de los levísimos vaivenes, está, claro, en el crecimiento de Vox, muy notable sobre el que ya experimentó en las elecciones. Como primer subrayado, parece obvio que a este partido le ha sentado bien salir del Gobierno, por lo que tanto porfió al principio para poco después dar la espantada en una operación que inicialmente parecía temeraria, pues proyectaba una sensación de inmadurez o de ser un socio de poco fiar. Pero en la oposición, aunque ésta sea a rachas colaborativa, se pueden mantener políticas que en el pragmatismo que se exige a los Gobiernos suelen ser inconvenientes, de manera que la libertad de criterios favorece la movilización del electorado mediante la invocación de un programa de máximos impracticable desde la Mesa del Consejo.

Vox se marchó de todos los Gobiernos en que era necesario para el PP, pero a renglón seguido llegó la prueba de los Presupuestos, y en ella observamos una diferente actitud según territorios. Merece que nos detengamos en este importante detalle, muy significativo en un partido con directrices centrales poco flexibles. Los abascales facilitaron la aprobación presupuestaria en Murcia y en Valencia, y la han torpedeado en Extremadura y Aragón, forzando adelantos electorales en estas dos últimas Comunidades. ¿Qué sentido puede tener esta discriminación cuando tanto Guardiola como Azcón habrían estado dispuestos, tal que en Valencia y en Murcia, a aceptar sus condiciones?

Ensayos periféricos

Misterio. A no ser que supongamos que Abascal está haciendo ensayos en vivo y en directo para constatar cuáles son las vías más sólidas para seguir ampliando su crecimiento. Tal vez crea que en Extremadura y Aragón se dan ya las condiciones para rebasar al PSOE, mientras en Valencia y Murcia todavía le queda tajo parlamentario para conquistar la posición, digan lo que digan las encuestas. Las de la Comunidad Valenciana, a pesar del traqueteo sufrido con Mazón, revelan que el PP resiste; allí no solo han aprobado los Presupuestos sino que también han apoyado la elección del sustituto, Pérez Llorca, quien en apariencia presenta mejores trazas que el saliente y, por tanto, será más duro de pelar para Vox. Y en Murcia, como ya se ha indicado, tienen la segunda plaza parlamentaria a punto de breva madura, pero esto es todavía un suponer, que se dice por aquí.

Por tanto, han forzado elecciones allí donde creen que pueden dar el sorpasso a los socialistas, Comunidades en que junto a la erosión del sanchismo, el PSOE ha añadido la rémora de candidatos más que flojos: el de Extremadura es como para echarle de comer aparte. Un apunte a pie de página podría recordarnos que en 2017 el PSOE murciano estaba dispuesto a presentar una moción de censura junto a Ciudadanos para desplazar al entonces presidente Pedro Antonio Sánchez por haber sido imputado, causa de la dimisión de éste, y sin embargo ahora los socialistas presentan ellos mismos en Extremadura a un candidato con juicio pendiente para marzo. Todo muy coherente.

Puede que a la actitud de Vox en Extremadura también contribuya una particular animadversión de Abascal respecto a Guardiola, pues parece no haber olvidado el retrato que ella hizo de Vox al inicio de la legislatura autonómica, cuando los tachó de ultraderechistas y xenófobos, aunque acabó tragándose sus propias líneas rojas, que ahora, si no obtiene mayoría absoluta serán aún más gruesas. Los errores de campaña, que la han llevado a la práctica deserción de la misma en los últimos días, hablan por sí solos de la ansiedad del PP ante el test extremeño, tanto para constatar la vulnerabilidad del sanchismo como fundamentalmente para observar si es posible sacarse a Vox de la chepa.

Torpedear o colaborar

Contrasta esta ‘inestabilidad emocional’ de la candidata extremeña con la tranquilidad con que el murciano López Miras contempla su retroceso demoscópico, sin duda confiado en que podrá meter en cintura a Vox con el refuerzo de la acción de Gobierno. Tiene tiempo, pues él sí llegará sin problemas previsibles a 2027. Pero ese tiempo también es de Vox, un tiempo que los abascales se han dado a sí mismos para seguir creciendo. Y para que esto sea así, la emprenden precisamente contra la acción de Gobierno, como se ha visto con la cuestión de la vivienda, que el Cemop sitúa en la cúspide de los problemas que preocupan a los ciudadanos murcianos. La alianza tácita con el PSOE para que López Miras no cobre réditos en el paso de sus proyectos por la Asamblea va a ser el guion de lo que queda de legislatura. Y al final se echarán cuentas sobre si es más productivo torpedear que colaborar. Por el momento, Vox sigue creciendo, de lo que puede deducir que le resulta más práctico lo primero.

Generales a la vista

Estos ensayos territoriales están forzados por Vox, como digo, y destinados a los cálculos de las elecciones generales, que podrían adelantarse a causa de ellos, pues la resistencia de Pedro Sánchez no sería inagotable si su partido pierde estrepitosamente elecciones en las periferias cada tres meses. El intento sanchista de alertar con «que viene Vox» no parece que cause una gran movilización para prevenir tal suceso, a la vista de que las encuestas refuerzan a los de Abascal. Y el intento de debilitar al PP por tiznarse con los abascales no oculta la mayor, que es la caída de los socialistas desde sus ya endebles posiciones en las autonomías, sin que la izquierda parezca encontrar refugio en fuerzas como Sumar, fagocitada por su Gobierno y sometida a una imagen de complicidad e ineficacia.

Una cosa podría aprender Sumar de Vox, y es que al partido mayoritario de su respectiva tendencia ideológica se le controla mejor desde los Parlamentos que desde los Gobiernos. Que se lo pregunten a Junts. Salirse del Gobierno de Sánchez no significa derribarlo, como Vox no derribó a López Miras, sino condicionarlo con los votos. Pero para esto hay que prescindir de varias docenas de cómodos sillones, y eso duele. Abascal lo provocó en su día, asumiendo los traumas de quienes se sentaban en los Gobiernos, y le va bien. A Sumar, que no se atreve a tanto, le va mal. A Podemos, la rama que del tronco sale, que ya tomó ese camino, tampoco le va muy bien de momento en las encuestas nacionales, pero sí en Extremadura, donde en el momento crucial crece en expectativas.

Un palo para el PSOE en Extremadura y otro, meses después, en Aragón con una candidata impuesta a dedo por el propio Pedro Sánchez, contando con que después vendrían Andalucía y Castilla y León, pone muy complicado el camino del sanchismo para acabar la legislatura nacional, de modo que las encuestas de UCAM y Cemop, aun refiriéndose a la Región, podrían servir de proyección de unas generales para 2026. Y es sabido que en Murcia muy habitualmente se vota en sintonía con la tendencia nacional. Por tanto, atentos hoy al ensayo extremeño, que puede suponer, en un feudo tradicionalmente socialista, un aviso sobre lo que vendrá más pronto que tarde.

En cuanto a los jardares del presidente murciano, lo mismo pueden significar una actitud de confiado relax o un gesto del tipo ‘sujétame el cubata’ para entrar en combate.

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