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Opinión | De dioses y de hombres

Profesor y artista plástico

En la trama urbana

Huerto del Vicario en Caravaca de la Cruz

Huerto del Vicario en Caravaca de la Cruz / L.O.

Guardo una relación muy especial con dos municipios de nuestra Región, dos ciudades, nobles y señeras, en las que la historia y su ornato han sido especialmente destacados. Pueblos de tierras adentro en los que he vivido de forma intensa a lo largo del tiempo; recorriendo sus calles, monumentos y sorprendentes parajes naturales; pero también sus fiestas únicas de la mano de queridos amigos que son como familia.

Pueblos en los que, desde hace muchos años, he sido testigo paciente y sistemático en la restauración y puesta en valor de algunos de sus monumentos y enclaves emblemáticos. Me estoy refiriendo a Jumilla, en el Altiplano murciano, y a Caravaca de la Cruz, en la comarca del Noroeste.

A la primera, me unen cuestiones profesionales, una larga actividad docente proyectada en numerosas generaciones de jóvenes jumillanos; a la segunda, una familia política extraordinaria.

Suelo recorrer, indagar y estudiar los cascos históricos -monumentales o no- allá dónde me encuentre. Todos tenemos nuestros pequeños vicios o costumbres. En mi caso es algo casi innato: observo, catalogo y rara vez olvido lo visto con el paso del tiempo.

En Jumilla, he asistido a diferentes hitos en la conservación de su patrimonio. Destacar la restauración de su icónico castillo a lo largo de varios años; la interesantísima casa solariega del Barón del Solar (de la poca arquitectura civil renacentista murciana); o más recientemente, el histórico órgano del templo de Santiago que ha vuelto a sonar.

En Caravaca, en los últimos años, se ha restaurado la genial fachada del Santuario de la Vera Cruz con sus casi extravagantes mármoles rojizos y negros; los exteriores de la antigua y popular casa que acogió al humilde y grandísimo San Juan de la Cruz.

En estos momentos se acometen necesarias obras en el cenobio carmelita; ya saben, la histórica fundación del Convento de San José que la santa andariega realizó en nuestras tierras. La barroca Casa de la Virgen, en la calle Mayor, está también pronta a su rehabilitación y puesta en valor con un uso hotelero.

Todo esto viene al hilo de una noticia que hace pocos días me interpelaba fuertemente y me llenaba de satisfacción. Una de esas raras ocasiones en las que lo que uno lleva por dentro y los premios o reconocimientos oficiales coinciden.

En pleno casco antiguo de la ciudad de la Cruz, se ha acometido recientemente un proyecto de restauración valioso, único y lleno de delicadeza. Algo que, por desgracia, no es habitual por estos lares. En la mayoría de intervenciones arquitectónicas, en cascos antiguos, suele primar la vanidad de los responsables.

Unos planteamientos que, muchas veces, beben en lo fácilmente espectacular y terminan siendo como esas personas interiormente huecas. Son muchas las actuaciones realizadas en este tipo de entornos agresivas y «no dialogantes» con la memoria y estructura secular de estos espacios.

La experiencia, lo observado y estudiado a lo largo de mi vida, me indica que, casi siempre, se trata de volver a la esencia; con los nuevos usos y necesidades de la época en que nos encontramos, evidentemente.

El proyecto que Caravaca de la Cruz ha realizado se denomina los ‘Huertos del Vicario’, está ubicado en un céntrico barrio alto de la ciudad, muy cercano a la monumental iglesia del Salvador. Una intervención que ha conseguido convertir un lugar degradado en un espacio público amable para el disfrute y convivencia cotidianos; con maravillosas vistas hacia el castillo-santuario caravaqueño.

Una apuesta por la trama urbana ancestral llena de cohesión y casi lirismo habitable; poniendo también en valor sistemas de regadío y arbolado tradicionales. Un ejemplo magnífico de lo que debería ser la regeneración urbana en nuestra Región, sin necesidad de macro proyectos que tanto suelen gustar a la administración pública.

El proyecto ha sido realizado por los arquitectos Enrique Nieto y Fernando de Retes: artífices de este canto a lo sostenible y moderno en perfecto equilibrio con lo antiguo y popular.

No podemos dejar que los espacios tradicionales de nuestros pueblos y ciudades se deterioren y se abandonen a su suerte; que sólo queden en ellos personas ancianas o de baja renta. Se debe trabajar, desde los poderes públicos, por la integración de estos lugares con las necesidades del ciudadano del siglo XXI, como zonas de aparcamientos y parques infantiles.

Propuestas, como esta de los ‘Huertos del Vicario’, que hagan atractivos estos lugares frente a residenciales apartados que van, poco a poco, dinamitando el sostenimiento de los núcleos urbanos centenarios. Decía arriba que estos días una noticia me tocaba interiormente, y es que la intervención de la que les hablo ha obtenido el Premio Regional de Arquitectura. Un premio con el que ojalá se iluminen otros rincones de nuestra Región, de nuestras tramas urbanas.

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