Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | MISA DE DOCE

¿El fin justifica los medios?

Hoy por hoy la pregunta que más se formulan los tertulianos encargados de analizar el actual del tablero político es la de si el fin justifica los medios. Los bombarderos sobre Hiroshima y Nagasaki con el objetivo de acelerar el final de la II Guerra Mundial, la invasión de Irak para derrocar al régimen de Sadam Hussein... La historia, desgraciadamente, está plagada de ejemplos en los que para conseguir y alcanzar un determinado objetivo, considerado en ese momento prioritario y de interés general, se han sacrificado los principios éticos.

Este concepto, planteado por Maquiavelo allá por el siglo XVI, sostiene que un gobernante puede y debe valerse de cualquier artimaña para garantizar la estabilidad política, sin menoscabo de si los métodos utilizados son o no morales, se ha convertido en la máxima de moda y leitmotiv del Gobierno de España. Gobierno que, no olvidemos, llegó al poder en 2018 enarbolando la bandera de la regeneración democrática, prometiendo erradicar la corrupción de las entrañas del Estado, y que a día de hoy sobrevive a malas penas intentando no ahogarse en el fango provocado por los numerosos casos de supuesta corrupción que le salpican.

Y es que la incoherencia del actual Ejecutivo respecto al discurso que lo catapultó al poder, no solo desafía todos los límites del cinismo humano sino que los pulveriza.

No olvidemos que, en junio de 2018, el entonces candidato a la presidencia Pedro Sánchez aseguraba que la corrupción no podía seguir marcando la política española y que nuestro país merecía un Gobierno que no estuviera manchado por la misma. Siete años después, con él al frente del Ejecutivo, su código deontológico se ha borrado, su entorno más cercano está acorralado por presuntos casos de corrupción y hasta un exministro, actual diputado, en la cárcel. Ya conocen el refrán: consejos doy que para mí no tengo.

La actual corriente utilitarista del Gobierno de Pedro Sánchez ha llevado hasta el extremo la idea de que el fin justifica los medios fundamentando su continuidad en la aplicación de su agenda social y política progresista.

Pero no, no todo debe valer en política, y los medios, al menos en mi opinión, deberían de importar tanto como el fin. Un Gobierno sin ética y estética, lo estamos viendo, está abocado a la autodestrucción por muy loables que sean sus fines.

Perpetuarse en el poder de la manera que lo estaba haciendo el actual Gobierno socialista con la espesa telaraña de presunta corrupción que lo envuelve está erosionando, y de qué manera, el voto de la izquierda. Los militantes socialistas deberían tomar cartas en el asunto porque de lo contrario el solar que va a quedar será de escándalo. Y esto no va de izquierdas ni de derechas, va de militar en un partido político y ser crítico, no de estar en una secta.

En la vida, y más en política, hay que ser consecuente con tus decisiones y asumir los errores; sobre todo si has llegado a la Moncloa criticando aquello que ahora te persigue.

El fin no siempre justifica los medios, y, bueno, ya saben aquello de que «la mujer del César no solo tiene que ser honrada, sino parecerlo». Pues eso.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents